miércoles, 30 de septiembre de 2009
martes, 29 de septiembre de 2009
lunes, 28 de septiembre de 2009
L´Hospitalet debe mejorar en seguridad y parques
Carta de un lector en el El Periódico de Catalunya.
Me dirijo a la alcaldesa de L’Hospitalet de Llobregat, Núria Marín, con todo respeto para exponerle mis múltiples quejas sobre la ciudad. He nacido y vivo en L’Hospitalet, y estoy sufriendo su decadencia. A la señora Marín no se la puede culpar de todos los males de la ciudad, dado que se quedó con el legado de nuestro antiguo alcalde, Celestino Corbacho, el cual no sé si de verdad luchaba por sus conciudadanos. La inseguridad en este municipio es superior a la de las poblaciones colindantes, y en mi barrio, La Florida, el índice de inmigración es mayor que en otras zonas, por lo que, por ejemplo, es muy difícil acceder a guarderías públicas y demás servicios, ya que estos suelen ser para los más desfavorecidos. Otro problema, insufrible, es encontrar estacionamiento. Y otro, el de los pisos patera, que el ayuntamiento permite a no ser que rebasen los 15 inquilinos.
Ahora, en verano, los padres tenemos que sacar a los niños a la calle y nos encontramos con numerosos parques en obras, como el de la Llibertat; parques que ya no existen, como el de la calle de la Primavera, donde se instalará el nuevo mercado, y parques en estado deplorable de conservación, como el de la calle de Granada, debido a las obras de la línea 9 del metro y las de reforma del párking. También hay unas preciosas piscinas municipales (por cierto, igualmente en obras), pero si queremos que nuestros hijos disfruten allí de un mes de estancia, hay que pagar 300 euros.
Ruego a la señora Marín que reflexione sobre el estado de L’Hospitalet, que deje de invertir en rascacielos de la plaza de Europa, en Santa Eulàlia, y que invierta más en los barrios. Que piense en los vecinos de esta ciudad a la que amamos.
Manuel Rodríguez
L´Hospitalet de Llobregat
Aburrimiento
Joseba Arregui en El Diario Vasco.
El nacionalismo no da respiro, ni cuando uno quiere escaparse de sus obsesiones. Estaba en trance de escribir un artículo dedicado a la impresión de que vivimos momentos, no en Euskadi, sino en el mundo occidental en general, de cierta decadencia, de 'fin de siécle', cuando la lectura de algunas opiniones manifestadas por el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, en el debate de política general en las Juntas Generales de ese territorio, me ha vuelto a la realidad estrecha, y aburrida, de Euskadi. Ha dicho Markel Olano, según leo entrecomillado en la prensa, que el PSE y el PP defienden un esquema frentista, que pretenden resocializar la ciudadanía vasca recurriendo a la perversión mediática. En su opinión, el pacto entre PSE y PP es contrario a la pluralidad, y, sobre todo, un ataque directo al pueblo vasco.
Esta última es de esas afirmaciones que consiguen dejarme perplejo. Intento entenderla, y se me abren para ello tres posibilidades. Los miembros del PSE y del PP no son vascos, y tampoco todos los que les han dado el voto. Segundo: el PSE y el PP no saben lo que significa ser vasco, algo reservado a los nacionalistas, a los guardianes de la ortodoxia, aunque no se pongan de acuerdo entre ellos. Tercero: los miembros del PSE y del PP, y sus respectivos votantes, actúan contra ellos mismos, por ignorantes, por inconscientes, por malvados, por masoquistas.
El nacionalismo vasco se suele enfadar cuando algunos le critican diciendo que su proyecto político es excluyente. Pero afirmaciones como la del diputado general de Gipuzkoa son difíciles de entender de otra forma. Supongamos a alguien que haya votado al Partido Socialista de Euskadi, que sea vascoparlante en su vida diaria, incluso en buena parte de su trabajo, que quiera, desde su perspectiva -a la que me imagino que tiene derecho- lo mejor para la sociedad vasca, que no tiene motivos para rechazar el acuerdo de gobierno firmado por el partido que ha votado y por el PP, y que lee esta opinión de Markel Olano. ¿Qué es lo que puede entender? Que no es vasco, que no pertenece al pueblo vasco, puesto que lo está atacando directamente. O que es un traidor a su pueblo. O que no es buen vasco y necesita, por usar el término empleado por el diputado general, una buena resocialización. Que necesita ser reseteado, en términos informáticos, para llegar a ver y sentir la sociedad vasca como la ve el señor Olano, desde una perspectiva ortodoxamente nacionalista.
Que el PSE haya pactado con el PP, y que no descarte continuar haciéndolo, es muestra de frentismo, afirma el diputado general. ¿Cómo hay que entender esta afirmación? Es frentista acordar que se va a respetar el Estatuto de Gernika. Es frentista afirmar que se va a respetar la Constitución española, que la Constitución española y el Estatuto de Gernika son resultado del pacto de la sociedad vasca, reflejo de su pluralismo estructural, de la complejidad de su identidad. Es frentista afirmar que es preciso respetar la Ley, el Estado de derecho. Es frentista recordar que en Euskadi existen víctimas asesinadas, y asesinadas en nombre de un proyecto político.
El diputado general de Gipuzkoa explica perfectamente la raíz del frentismo. Para no ser frentista en la sociedad vasca es preciso reconocer que en Euskadi existe un conflicto, el conflicto vasco, que hunde sus raíces en la negación del pueblo vasco como sujeto político capaz de decidir su propio futuro. Cuando la sociedad vasca, es la única conclusión que se puede extraer, decidió en referéndum aprobar el Estatuto de Gernika no era, al parecer, sujeto político, ni decidió su futuro. Es lo que ha mantenido desde entonces, con toda coherencia y consecuencia, ETA, por lo que considera al propio PNV no fiable en todo lo que dice sobre el pueblo vasco.
Lo que Markel Olano llama derecho a decidir y reconocimiento del pueblo vasco como sujeto político no hay que tomarlo en lo que parece que dice, sino de otra forma. Sólo hay sujeto político si ese sujeto apuesta por la autodeterminación que culmine en la separación respecto al Estado español. Y sólo puede hablarse de derecho a decidir si la decisión es la que quisiera el nacionalismo, o el nacionalismo del PNV, o el nacionalismo de algunos en el PNV. Es decir, sólo se es demócrata si se es nacionalista al estilo Olano. Y, además, en nombre del respeto al pluralismo -todos tienen que ser nacionalistas para ser demócratas-, y de la apuesta por el blindaje ético de las víctimas, que, añado yo, fueron asesinadas por suponer un obstáculo en la consecución del reconocimiento que reclama Olano para el pueblo vasco.
Desde el nacionalismo se vuelve a hablar de pacto de Estado, queriendo con ello criticar el acuerdo entre el PSE y el PP. Claro que es un acuerdo de Estado, no un simple acuerdo de gobierno. Y es un acuerdo de Estado porque durante demasiados años se ha estado jugando en Euskadi a estar y no estar, a ser Estado y no ser Estado, a ser gobierno y oposición a los marcos fundamentales en los que se asienta la legitimidad y la legalidad del gobierno. Es un acuerdo de Estado porque quiere sustentarse en el cuerpo constitucional formado por la Constitución y el Estatuto. Es un acuerdo de Estado porque no pone en duda que España como Estado constitucional es un Estado de derecho y democrático, con los problemas que afectan a todas las democracias, pero sin defectos estructurales ni de concepción.
Es un acuerdo de Estado que no quiere jugar a dos cartas: ser parte del Estado con todas las posibilidades y ventajas que ofrece y al mismo tiempo estar fuera. Criticar la Constitución española, afirmar que no basta con el Estatuto de Gernika, y pedir que soldados españoles se incorporen a los atuneros que faenan frente al cuerno de África, porque los atuneros, todos, también los vascos, son territorio nacional español y se puede aplicar la Ley de Defensa -del Estado español-.
En estas discusiones aparece siempre el término mágico: la transversalidad. El PSE ha arrinconado la transversalidad que tanto ha defendido en otros tiempos, se dice. Es preciso recuperar la idea de transversalidad, porque sólo un gobierno transversal puede representar el pluralismo y la complejidad de la sociedad vasca. Y lo dicen algunos que desconocían la existencia en el diccionario de la lengua española del término transversalidad, al menos hasta la desaparición del PNV del Gobierno vasco.
Es cierto que una sociedad plural y compleja como la vasca necesita un anclaje normativo e institucional transversal. Lo necesitan todas las sociedades modernas, porque ninguna de ellas es homogénea. Pero la transversalidad en la que se sustentan todas las sociedades modernas democráticas es la que queda definida en el pacto constituyente, en el acuerdo constitucional, en las normas básicas que regulan la institucionalización de esas mismas sociedades. Una vez alcanzado ese pacto transversal en las normas básicas, nadie reclama que los gobiernos deban ser transversales. Todo lo contrario: las llamadas grandes coaliciones son vistas como peligro para el buen funcionamiento democrático.
El lugar en el que en Euskadi también se define la transversalidad es en su norma básica, en el Estatuto de Gernika. Si no existe lealtad a esa transversalidad, ningún gobierno transversal puede sustituirlo. No sería más que mero parche. La transversalidad falla en la sociedad vasca no porque los gobiernos no sean transversales, sino porque algunos que acordaron el pacto estatutario han decidido, unilateralmente, que pueden prescindir de él y colocarse en otro territorio, no pactado, no transversal, no acordado, excluyente, estrictamente nacionalistas, sólo habitable por nacionalistas confesos.
No hay gobierno transversal que arregle esa huida del fundamento acordado transversalmente. Y no hay forma de responder al pluralismo y a la complejidad de la sociedad vasca, y a la memoria de las víctimas asesinadas por ETA en nombre de un proyecto político radicalmente nacionalista, que ser leal a esa transversalidad del pacto fundamental. Lo demás es querer engañarse a sí mismo.
sábado, 26 de septiembre de 2009
La cultura de un hombre y 180.000 incultos
Un hombre culto que defiende la cultura.
Y 180.000 en contra de la cultura. Son más pero no por eso tienen la razón.
http://www.prou.cat/
Y 180.000 en contra de la cultura. Son más pero no por eso tienen la razón.
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viernes, 25 de septiembre de 2009
Catalonia is not Spain?

La opinión de manuel Trallero.
Millet/ Marbella. Gil/El Palau. Es una ecuación imposible. Millet es y será “siempre uno de los nuestros” y Gil y Gil un simple sudado. Marbella está lejos y El Palau es uno de nuestros pilares, sentimentales como el Barça. Valencia pilla aquí al lado, pero por unos trajes más o menos tampoco vamos a hacer sangre. Y si no recuerden los trajes de la pobre Pilar Miró en el cielo esté. A las 10 se ha celebrado la Santa Misa con motivo del 52 aniversario del “Camp Nou” El gobierno de Catalunya elabora unos informes y sobre una muestra de 300 declina que el 19% son perfectamente inútiles. Hay uno sobre la supuesta afinidad de los articulistas de los principales medios de comunicación con el presidente Montilla. El gobierno de Catalunya no piensa hacerlo público. ¿Para qué? El Col.llegi de Periodistes protesta. Es enternecedor. Si llega a pasar en Madrid, la prensa de Barcelona monta la marimorena. Aquí ni siquiera vale la pena. La sodomía periodística forma parte de una de las prácticas sexuales más extendidas por estos pagos.
Se hacen públicos unos casos de espionaje en el seno de la junta directiva de Fútbol Club Barcelona. La misma entidad cuyo equipo de futbol lleva el anagrama de la UNICEF. Un ejemplo para los niños En Madrid se produjeron casos de espionaje, por lo visto, entre políticos del PP. Pero Madrid queda muy lejos.
Señoras y señores, por si no lo sabían esta es la “Barcelona connection”
Buenos días y mucha suerte. Cuídense de las señoras de Igualada y de las de Santander. El órden de los factores no altera el producto.
jueves, 24 de septiembre de 2009
Conocimiento
martes, 22 de septiembre de 2009
Nacionalismo y Estatut: el juego del trilero

Jesús Royo en La Voz Libre.
El nacionalismo ha logrado, por enésima vez, marcar el terreno de juego. Y ahí estamos todos jugando, inocentes, sin darnos cuenta de que sólo por jugar en su terreno, ellos ya han ganado. Hay que tener reflejos para no prestarse al juego del trilero: si no, estás perdido, te soplan la cartera sin que te enteres.
Ellos han marcado el terreno: se trata del eterno pleito de Cataluña contra España. Cataluña, laboriosamente, sin estridencias y llena de buena fe, redacta un nuevo Estatut de Autonomía. Lo somete al Parlamento de Madrid, confiando en la palabra de Zapatero: "Aceptaré el Estatut que Cataluña decida". Y las Cortes empiezan su "cepillado", que dijo Alfonso Guerra. Entendemos que empiezan a "cepillárselo". Duele, no es lo que Cataluña quería, pero en aras del pactismo para no romper el marco actual, lo aceptamos. Y el pueblo catalán lo vota -o el 30% de él, qué más da- y ya está ratificado. ¿Y ahora vamos a consentir que cuatro leguleyos recorten lo que el pueblo ha votado?
Está claro que, presentándolo así, en Cataluña no hay periodista, ni político, ni 'María Santísima' que pueda oponerse sin cargar con el sambenito de "anticatalán". A partir de ahí, los trileros han ganado. Todo lo que pase, tanto si el TC falla a favor como en contra de la constitucionalidad del Estatut, siempre será en su beneficio. Y aún diría que preferirían una sentencia negativa: ellos ya tienen preparada una respuesta "contundente". En este escenario, a ver quién es el guapo que dice lo más evidente, a mi entender: que el TC es el garante de nuestras libertades, que sus sentencias deben ser siempre celebradas -aunque no compartidas- por los demócratas, que intentar socavar su autoridad -como hacen tantos opinantes a diario y, oh vergüenza, Pujol y Maragall- es un atentado a la democracia, una bravuconada más propia de fascistas que de ciudadanos libres. Quien diga esto, que es el abecé de cualquier demócrata, en Cataluña pasa a ser traidor, renegado, anticatalán. Ellos han fijado el marco, ellos, los trileros, han decidido lo que debemos percibir.
La cosa es mucho más sencilla. El Estatut es una ley española, promulgada por las Cortes españolas para su vigencia en una parte del territorio español. Y como todas las leyes, puede -o debe- pasar el 'control de calidad' de su coherencia con la Constitución, que fue aprobada por el sujeto de la soberanía, el pueblo español. El Parlamento de Cataluña no promulga la ley: sólo tiene la iniciativa legislativa. Y el referéndum del pueblo catalán es un requisito que la eleva a categoría cuasi-constituyente, mayor que la de una ley orgánica. Pero no puede -ni debe, ni conviene- obviar el control de constitucionalidad. Precisamente, al integrarse en el 'cuerpo constitucional' debe ser coherente con él. Es un trámite que sólo le puede proporcionar mayor solidez.
El Estatut es ley y está vigente, no porque lo haya presentado el Parlament, que también, ni porque lo haya refrendado el pueblo catalán, que también, sino porque lo han aprobado las Cortes. Si el Estatut fuera una ley catalana o si se saltase el paso por el TC, no podría contar con la fuerza de la soberanía del pueblo. Del pueblo español, claro. No hay otro.
Esquizofrenia
Ángel de la Fuente en El Periódico de Catalunya.
El acuerdo de financiación regional alcanzado justo antes de vacaciones presenta tanto luces como sombras. El nuevo modelo no resuelve satisfactoriamente algunos de los problemas que exigieron la reforma del sistema todavía vigente y es todavía menos transparente que este, pero también introduce mejoras apreciables en el reparto inicial de recursos entre comunidades y en las reglas que gobiernan la evolución del sistema.
Comenzaré con las malas noticias. El nuevo sistema conserva un vicio fundamental de su antecesor: la ausencia de un criterio claro y objetivo de reparto de los recursos asignados a las administraciones regionales. O, si se prefiere, la falta de operatividad del mismo, tanto a corto como a largo plazo. El problema adopta la forma de una peculiar esquizofrenia. Tanto el nuevo acuerdo como el anterior establecen en principio fórmulas razonables de reparto en base a indicadores objetivos, pero ninguno de ellos garantiza el cumplimiento siquiera aproximado de las mismas ni a corto ni a largo plazo.
La manera de evadir la fórmula en el año inicial varía ligeramente en cada caso. En el acuerdo anterior se introducían prácticamente tantas excepciones a la fórmula de reparto como comunidades autónomas. En el nuevo, la asignación inicial se fija directamente y el Fondo de Suficiencia se ajusta de forma que todo sume a la cantidad deseada. En ambos casos el resultado es el mismo: se parte de una asignación inicial arbitraria, muy condicionada por el statu quo y no demasiado parecida a la que exigiría la fórmula.
Tampoco hay garantía alguna de que las cosas vayan a mejorar con el tiempo pues ninguno de los dos sistemas establece mecanismos para ir acercando gradualmente la distribución de la financiación al resultado de la fórmula. De hecho, la evolución del sistema dependerá en ambos casos de la suerte. Aquellas comunidades en las que las cosas vayan bien (en las que la renta per cápita crezca por encima de la media mientras que la población ajustada por edad lo hace por debajo) estarán cada vez mejor financiadas en relación con sus necesidades de gasto, mientras que al resto le sucederá lo contrario.
lunes, 21 de septiembre de 2009
jueves, 17 de septiembre de 2009
Castellano fácil
Carta de una lectora de El Periódico de Catalunya.
"Aprobado seguro", "imposible de fallar", "un auténtico regalo", "más fácil que el de catalán", era lo que se oía a la salida del examen de castellano de la selectividad en Barcelona. Como todos los años, en Catalunya el nivel de exigencia de la prueba de castellano ha sido mínimo. Y dentro de unos días, también como todos los años, la Generalitat enseñará las notas de castellano, artificialmente elevadas gracias al fácil carácter que le dan intencionadamente al examen con el fin de poder decir luego que no son necesarias más horas de castellano en las escuelas. ¿A quién pretenden engañar?
Victoria B. Martín
Barcelona
martes, 15 de septiembre de 2009
Nacionalistas: ¿dónde está la pelotita?
Jesús Royo en la Voz Libre.
Los trileros son esos maestros de la prestidigitación cuyo arte consiste en llevar tu vista y tu atención por donde les interesa. Dan unas cuantas vueltas a los botes y la bola, y al final te preguntan: "¿Dónde está la pelotita?" ¡Cómo que dónde está la pelotita! Pues está donde yo la he visto, evidentemente, en el bote -supongamos- número dos. Levantan el bote número dos y ahí no está, no hay nada.
¿Cómo puede ser, cómo puede ser? Pero ya es tarde, ya te han soplado tus buenos euros. La mayor parte de la gente abandonamos al primer picotazo: damos lo perdido a cambio de una lección de humildad y en honor de admiración al arte del trilero. Pero hay quien se ceba en el engaño, como el pajarillo hipnotizado por la serpiente, y no para hasta dejarse allí el último euro.
El nacionalismo no tiene nada que envidiar al 'trilerismo'. Los nacionalistas son maestros del trampantojo, saben proponer objetivos 'evidentes' que suelen concitar la aprobación de la gente -digamos- 'normal', no nacionalista. Hablo, por ejemplo, de Rubalcaba cuando dice que el que sea Cataluña una nación no es un enunciado, sino un hecho. Me viene a la memoria lo que dijo Xènius, cuando ya no era Xènius sino el escéptico y burlón Eugenio d'Ors: "Miren si Cataluña es una nación, que hace dos mil años que no lo es". Rubalcaba, pardillo, no te metas entre profesionales trileros, que te la colarán seguro. Luego te dirán dónde está la pelotita y descubrirás amargamente que te han soplado la cartera, que la cosa no iba de nación o no nación, sino de quedarse con lo tuyo. Lo mismo le pasó a Azaña, que logró hacer aprobar el Estatuto en la República y luego en Benicarló se lamentaba amargamente. Otro pardillo.
A lo que voy. Con lo del dictamen del Tribunal Constitucional nos la han vuelto a colar. En Cataluña el TC no aparece como la máxima garantía de nuestras libertades, las de la soberanía popular, las de la Constitución, sino como una amenaza, cuando no directamente como el enemigo de Cataluña. Se dice que una ley refrendada por el pueblo no la pueden modificar cuatro leguleyos. Se da por supuesto que la sentencia será contra Cataluña, una declaración de guerra en toda la regla, a la que habrá que responder 'con contundencia'. O, sibilinamente, se señala que una sentencia 'excesiva' podría dar alas al independentismo. -¿Y qué? ¡Como si el independentismo fuese delito!-.
Yo alucino. Este lenguaje es puro fascismo de camisas pardas. Y a ese festival se suman la mayoría de partidos y los tres presidentes vivos de la Generalitat. ¿Qué está pasando aquí? ¿Nos hemos vuelto todos locos? ¿No hay nadie que nos recuerde que el TC debe ser aceptado por todos, que es la máxima expresión de la democracia, que atacarlo es cargarse todo el edificio constitucional? ¿Se puede amenazar a un tribunal impunemente? Todos esperamos que las bravatas no afectarán a los magistrados y que el TC cumplirá con su cometido limpiamente, abstrayéndose a las presiones. Pero, ¿y si no se abstrae lo suficiente? ¿Y si suaviza, relativiza o modera los términos de la sentencia para no irritar a los políticos bravucones? Mejor no imaginárselo.
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