viernes, 19 de marzo de 2010

Progresa adecuadamente. (12)


A riesgo de ser tomado por un conspicuo agente de la reacción, me propongo exponer en este artículo cómo funciona el sistema público de enseñanza en un país diferente del nuestro, en un país más pequeño, más frío y -ustedes perdonen- más culto. Pero en un país, qué duda cabe, tan europeo como España, con los mismos problemas de convivencia y análogos equilibrios y desequilibrios sociales. Gracias a la información suministrada por una buena amiga nacida -casi- en aquellas tierras, me propongo hablarles de la educación en Holanda. Sí, de la educación en el Estado que goza de la legislación más progresista del continente, donde -por poner algunos ejemplos- el consumo de drogas, el ejercicio de la prostitución o la práctica de la eutanasia han adquirido rango de ley. Pues bien, en este lugar de Europa, llano donde los haya -hasta el punto de que casi todo el territorio está situado a nivel del mar-, existen tantos contrastes entre la población como puedan existir entre los habitantes de la variopinta geografía penincular. Los hay más aptos para las manualidades, los hay más proclives al estudio, los hay ordenados, los hay más dispersos; los hay, en suma, de toda clase y condición. De ahí que, nada más finalizar la Enseñanza Primaria, a los 12 años, los niños holandeses, de acuerdo con sus padres y asesorados por sus maestros, elijan una de las tres opciones de Secundaria que se les ofrece. Y como hoy en día todo tiene nombre de sigla, estos adolescentes escogen entre VMBO, HAVO y VWO.
El VMBO es una formación profesional de primer grado, a cuyo término los alumnos pueden completar sus estudios en una formación profesional de grado medio o pasar al HAVO. El HAVO, cuya duración es de cinco años, prepara a los alumnos para seguir la formación profesional de grado superior, aunque a partir del tercer curso pueden orientar sus pasos hacia la de grado medio. El VWO dura seis años y prepara a los alumnos para la universidad, aunque después del tercer curso pueden encaminarse hacia la formación profesional. Añadamos, para completar esta somera exposición, que las tres ramas tienen en común lo que aquí llamamos materias instrumentales -lengua, matemáticas, etc.-; que los alumnos con dificultades de aprendizaje que no pueden sacarse el título de VMBO reciben una formación práctica, tipo escuela-taller, que los prepara para los trabajos más sencillos del mercado laboral; que existen escuelas públicas especiales para aquellos que tienen graves deficiencias de aprendizaje, transtornos de conducta o minusvalías físicas, y que los muchachos inmigrantes que todavía no dominan la lengua holandesa disponen de clases especiales durante uno o dos años para que logren integrarse.
Ya ven en qué consiste un modelo progresista: en facilita. En prever recorridos de distinto alcance y duración, para todos los públicos, trazando cuantos atajos y pasaderas sean necesarios para desandar lo andado o prolongar lo previsto, sin falsos igualitarismos, con los pies en el suelo y la cabeza fría. Algo así como salir al encuentro de la felicidad, acertar con la película y que encima esta acabe bien.

Progresa adecuadamente. (11)


En la Cataluña actual, nadie duda que la enseñanza va por buen camino y de que el sueño empieza a hacerse realidad. Está la base, está el espíritu; falta si acaso algo de dinero, pero tarde o temprano nuestras autoridades le van a poner remedio. Por de pronto, ya están invirtiendo en la escuela privada y concertada, que es donde la necesidad parece más acuciante. Hasta los padres han evolucionado. Antes, cuando un niño recibía una sanción, sus padres le preguntaban qué había hecho para merecerla. Hoy, conscientes sin duda de su debilidad, se conforman con decirle: "Ya empezamos. ¿Qué te habrá hecho el profesor para que reacciones así? ¿Acaso te tiene manía?"

jueves, 18 de marzo de 2010

Progresa adecuadamente. (10)


Los niños, los alumnos, los estudiantes, encarnan mejor que nadie la debilidad. Son seres inacabados, en formación, expuestos a la interpenrie social y a sus constantes caprichos. El Estado debe cuidar de ellos. Para llevar a cabo dicho cometido, el Estado cuenta con la escuela. También dispone, claro está, de hospitales especializados, centros de atención a la infancia, y hasta de correcciones. Pero nada como la escuela. Ahí la debilidad se jerarquiza, adquiere diferentes tonalidades, se vuelve mucho más rica, mucho más compleja, mucho más diversa. El cuidado, pues, no afecta a todos por igual. Existen grupos de riesgo, debidamente identificados, en los que la debilidad se ensaña. Primero están los hijos de los recién llegados de otras tierras, con sus culturas atávicas y sus creencias a cuestas. Luego, los miembros de familias desestructuradas, que es como llaman hoy en día a los descendientes directos de parejas a las que la fatalidad ha llevado por la senda del mal vivir. Están, por fin, los vagos, los tontos, los ociosos... Para salvarlos a todos del arroyo, el Estado ha dotado a la escuela de un cuerpo de élite: los psicólogos.

Progresa adecuadamente. (9)

Aunque tampoco sería justo cargarle el muerto a la Administración y olvidarnos del triste papel que están jugando los padres en todo este asunto. Como si su máxima preocupación fuera la de tener a los hijos ocupados, vigilados, entretenidos y en buenas manos -lo que, por cierto, ya suele garantizar una simple guardería-, los padres han delegado en la Adminsitarción la educación íntegra de sus vástagos. Alguien les llamó un día y les propuso formar parte de los consejos escolares de los centros de enseñanza: había que democratizar la escuela y contaban con ellos. Se lo pensaron -poco- y se lo creyeron -mucho-. Para eso votan y eligen a los equipos directivos de los centros. Luego, que nadie les pida cuentas.

Progresa adecuadamente. (8)


Pero ¿no será que estamos confundiendo la diversidad con la magnesia? Una cosa es el respeto por la diferencia y el reconocimiento de los derehos de cada individuo, y otra la ilusoria creencia de que todos somos iguales. Ni todos los alumnos sirven para estudiar, ni tiene por qué un profesor ser competemte en todas la materias, ni hay motivo para creer, así, de golpe, que todas las culturas pueden llegar a suscitar el mismo interés. Quien más, quien menos, ya somos mayorcitos.

martes, 16 de marzo de 2010

Progresa adecuadamente. (7)


Pero, en las aulas, no sólo el alumnado es diverso. También lo puede ser el profesorado, faltaría más. Para este curso, el Departamento de Enseñanza de la Generalitat se ha inventado una nueva figura docente que reúne dichos requisitos: el "profesor de diversidad". Y no crea el lector que estamos ante un especialista en tratar con alumnos diversos, no; estamos, pura y simplemente, ante un profesor que lleva la diversidad en la sangre, ante alguien que puede haber estudiado para matemático pero que se siente capaz de enseñar ciencias sociales o naturales, filosofía, publicidad o educación física. ¿Se imaginan lo resultona que podría quedar semejane figura si la exportaran, por ejemplo, al campo de la sanidad pública? De un plumazo, se acabarían las interminables colas en los servicios de urgencias y en los quirófanos especializados en cardiopatías. ¿Que no hay ningún cirujano experto en el corazón para operar a aquella mujer que lleva más de un año en lista de espera? No sufra, por ahí debe de andar algún traumatólogo ocioso o algún endocrino desocupado que por el mismo precio se lo hará la mar de bien. Y, si no, echamos mano del bueno del anestesista, que también es muy diverso.

Progresa adecuadamente. (6)


El caso es que hoy en Cataluña toda la enseñanza pública obligatoria se imparte, por fuerza, en catalán. Sólo en algunos cursos de Bachillerato, y en algunos -pocos- centros privados, se dan las clases en castellano, además de en catalán, inglés, francés, alemán o el idioma que se tercie. Así está la cosa. Y, dejando a un lado esa similitud entre las lenguas a la que me refería hace un momento y que tan fáciles ha puesto las cosas, ¿sabes cómo hemos llegado hasta aquí, cómo ha sido posible esto? Quizá no lo sepas, pero seguro que lo intuyes. Sí, la autonomía, la famosa potestad de cada comunidad para gestionar sus asuntos; de aquí viene todo, en efecto. Por eso la LOGSE fue tan bien recibida en Cataluña, y por eso una coalición como Convergència i Unió, tan renuente, en principio y por principio, a las utopías izquierdistas y a los falsos igualitarismos, y tan favorable, en cambio, a la meritocracia, se avino al pacto. Dicen que sarna con gusto no pica. Y es que, si la sarna la traía la izquierda, el gusto lo experimentaba el nacionalismo al aprovechar el inicio de la reforma educativa para implantar la inmersión lingüística en los primeros niveles de la enseñanza y convertir poco a poco el catalán en la única lengua de la escuela. Tras más de tres lustros de inmersión continuada, hasta los propios estrategas educativos reconcoen haber alcanzado sus últimos objetivos en el aula. Eso sí, enseguida añaden que, una vez dominada el aula, ahora van a por el pasillo, el patio y el entorno.

Progresa adecuadamente. (5)


Y en todas estas comunidades el nacionalismo ha tenido siempre una preocupación mayor: preservar "la lengua propia", así llamada en los respectivos estatutos de autonomía por obra y gracia de este mismo nacionalismo -y por la inacción, claro está, del resto de las fuerzas políticas, y en especial de los dos grandes partidos nacionales, que cedieron en este punto sin atisbar lo que se les venía encima-. Porque la consideración de que las lenguas no son un asunto estrictamente individual, de cada uno de los hablantes, sino propias de un lugar y poseedoras, en consecuencia, de un aura colectiva, histórica y simbólica; la consideración, en suma, de que hay lenguas de un territorio y lenguas que no lo son, no sólo determina la primacía de un idioma con respecto al otro -que, para más inri, es el idioma oficial del Estado y el hablado por la mayoría de la población, incluso en el territorio en cuestión-, sino que representa, inevitablemente, una fractura social, unos ciudadanos de primera y otros de segunda, unos más propios y otros más impropios.

viernes, 12 de marzo de 2010

Progresa adecuadamente. (4)


No cuesta mucho imaginar el efecto que esta descentralización de las competencias ha producido en la cultura de los jóvenes españoles. Seguramente el adjetivo que conviene a esta cultura es "subsidiaria". Sí, la cultura de nuestros bachilleres, o de nuestros secundarios, o de nuestros primarios, puesto que muchos ni siquiera superan los ciclos iniciales, proviene de la aplicación del principio de subsidiariedad. Y este principio, cuya eficacia en lo tocante a la administración de los asuntos públicos es harto discutible, trasladado al terreno de la enseñanza da como resultado unos conocimientos que a duras penas traspasan el límite del barrio o del pueblo en que se halla ubicado el centro educativo. Se trata, sin duda alguna, del triunfo de lo particular frente a lo general, de lo que separa y singulariza frente a lo que une y universaliza. En lugar de enseñar a nuestros jóvenes lo que, de otra forma, difíclmente alcanzarán a conocer por sí mismos, se les predica las maravillas de lo obvio, de lo que tienen a mano, de lo puramente accesorio, por insignificante y consabido.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Progresa adecuadamente. (3)


A eso nos ha llevado la izquierda, con su negativa a reconocer que la primcipal función de la enseñanza ha de ser la transmisión del conocimiento; con su rechazo de la memoria, la autoridad, el mérito y el esfuerzo; con su apología del peterpanismo, y con su defensa de la igualdad como valor y aspiración supremos, igualdad a la que todos estamos sujetos y ante la que nada valen ni la libertad ni la excelencia. ¡Cuánta razón tenía Cándido en su última Tercera en ABC cuando reivindicaba la necesidad de la jerarquía -eso es, de la autoridad- con el argumento de que la alternativa a las imprescindibles graduaciones jerárquicas no es la igualdad, sino la tiranía, el imperio de la fuerza bruta! Pero no ha sido sólo la izquierda. El nacionalismo también ha colaborado lo suyo. Y esto del nacionalismo entiéndelo, por favor, no como algo privativo de los vascos y los catalanes -y, si tanto me apuras, de los gallegos-, sino como algo mucho más hondo y difuso. En definitiva, entiéndelo como un saco enorme donde caben también os regionalismos más burdos y los localismos más groseros. Y es que la LOGSE, entre otras muchas barbaridades, permitía asimismo que la definición de la mitad de los contenidos fuera competencia de las comunidades autónomas.

domingo, 28 de febrero de 2010

Progresa adecuadamente. (2)


Sin la feliz conjunción de la izquierda y el nacionalismo todo esto no habría ocurrido. Te cuento cómo fue. En 1985 los socialistas aprobaron una nueva ley orgánica, la LOGSE, que ponía patas arriba el modelo de enseñanza tradicional. Sólo unos datos para que veas el alcance de la remoción: el Bachillerato, que como sabes ya había perdido mucho peso con la reforma de Villar Palasí, quedaba reducido a dos tristes anualidades; aparecía la Secundaria, lo que permitía alargar el periodo de enseñanza obligatoria hasta los 16 años y escolarizar a la fuerza a muchos jóvenes que, a esa edad y en condiciones normales, ya estarían preparándose para su inserción en el mundo laboral; se implantaba la igualdad por decreto, eso es, la nivelación por abajo, con alumnos que pasaban de curso aunque tuvieran todas las asignaturas suspendidas; y el profesorado sufría una igualación similar, puesto que los maestros se codeaban con los agregados de instituto, y los catedráticos -por lo menos en Cataluña- debían conformarse con tener la condición de tales. La consecuencia de todo ello fue que los colegios y los institutos se convirtieron en una prolongación de la guardería, hasta el punto de que, a estas alturas, incluso la universidad empieza a semejar ya un parvulario.

jueves, 25 de febrero de 2010

Progresa adecuadamente


A partir de hoy os iré colgando retazos de "Progresa adecudamente", el libro que Xavier Pericay publicó en 2007.


Para que me entiendas, te diré que el franquismo se ha convertido en un gran tabú, en la mismísima encarnación del mal. Es algo de lo que no puede hablarse, como no sea para certificar que todo cuanto pasó en aquellas tres largas décadas debe ser borrado de la historia. Imposible realizar un análisis serio, frío, documentado. Por supuesto, no todo el mundo opina lo mismo. Pero son pocos, sobre todo en Cataluña, los que se atreven a alzar la voz para recordar que había cosas, en aquel régimen, dignas de ser conservadas. El modelo educativo, por ejemplo. No en su totalidad, claro está, pero sí en lo que podríamos llamar su esencia. Es decir, en lo que tenía de continuidad con respecto a la enseñanza tradicional, ya fuera la vinculada a la Iglesia -aquí tienes otro tópico, el de que toda la enseñanza religiosa fue perniciosa-, ya fuera la de aquella República liberal que tanto prometía y en tan poco quedó. Pues bien, este cordón umbilical que muchos profesores de enseñanza media contribuisteis a salvar, con vuestro esfuerzo y vuestro ejemplo, durante casi cuarenta años, de las miserias morales e intelectuales del régimen franquista, se ha ido al traste. Y, ¡oh paradoja!, por franquista precisamente.