El romanticismo de corte tradicionalista en el que se movían los escritores de la Renaixença -carlistas de corazón, liberales moderados de cerebro-, su añoranza e idealización de los tiempos y las glorias medievales, terminaron modelando la imagen de un pueblo celoso de sus tradiciones, que elegía a su señor y vivía en armonía completa con sus fueros y sus leyes. El mito de un régimen de libertades populares, constitucional y pactista en plena Cataluña medieval es obra suya. "La historia de Cataluña es también, no hay que olvidarlo, la historia de la libertad en España", decía Víctor Balaguer. "¡Es tan poética su historia...!", exclamaba Piferrer... "He aquí el alma catalana: libertad", escribirá, ya en el siglo XX, el poeta Joan Maragall.
domingo, 22 de agosto de 2010
Los mitos de la Historia de España. (27)
El romanticismo de corte tradicionalista en el que se movían los escritores de la Renaixença -carlistas de corazón, liberales moderados de cerebro-, su añoranza e idealización de los tiempos y las glorias medievales, terminaron modelando la imagen de un pueblo celoso de sus tradiciones, que elegía a su señor y vivía en armonía completa con sus fueros y sus leyes. El mito de un régimen de libertades populares, constitucional y pactista en plena Cataluña medieval es obra suya. "La historia de Cataluña es también, no hay que olvidarlo, la historia de la libertad en España", decía Víctor Balaguer. "¡Es tan poética su historia...!", exclamaba Piferrer... "He aquí el alma catalana: libertad", escribirá, ya en el siglo XX, el poeta Joan Maragall.
Los mitos de la Historia de España. (26)
En las noches sin sueño de 1837, abrumado por la guerra carlista y el huracán de negras fábricas y enjambres furiosos que gemían bajo Barcelona, el poeta y liberal moderado Pau Piferrer escribía: "Mi imaginación ha estado preñada todo este tiempo de pensamientos atroces, de pensamientos de sangre. Pero ahora una melancolía, la melancolía del tísico, el abatimiento de un moribundo me consume..."
sábado, 21 de agosto de 2010
Los mitos de la Historia de España. (25)
Lejos del tópico difundido por nacionalistas y regionalistas, dispuestos siempre a ensanchar las diferencias e inventar los pasados más lejanos, en los siglos medievales las peripecias particulares de los reinos cristianos, las notables diferencias que se conservaban en las Cortes -lingüísticas, jurídicas, moentarias-, los ásperos conflictros que les enfrentaban a menudo y para cuya resolución se acudía en ocasiones a la guerra, no impideron que germinara la idea de un horizonte común. Los elogios y las referencias a una España antigua tenida por patria común no sólo bullen en las crónicas castellanas del rey Alfonso X o el navarro de nacimiento y arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada sino que también laten en la "Crónica navarra", fechada en el siglo XV, en los textos de Jaime I el Conquistador, Ramón de Muntaner, cronista catalán del siglo XIV, o Pedro IV el Ceremonioso, donde puede leerse que "Cataluña es la mejor tierra de España".
Los mitos de la Historia de España. (24)

Sánchez Albornoz sentía los tópicos que se estaban creando alrededor de Castilla como un lanzazo en el costado abierto de la Historia. En 1931 el airado profesor repetía lo que venía diciendo desde 1919, cuando en una conferencia pronunciada en la Universidad de Valladolid había salido al paso de quienes culpaban a la Meseta de todos los problemas de España: "Los pensadores emprendieron a raíz de la catástrofe del noventa y ocho la revisión crítica de los valores españoles... pero la emprendieron guiados por un pesimismo desconsolador, y la crítica de la vida española resultó acerba y cruelísima. No se salvó de la inujusticia Castilla: se habló del imperialismo castellano, se la hizo responsable de la decadencia de España; las voces de los pesimistas hallaron eco en Cataluña, y desde ésta se nos acusó también de haber desbaratado la hacienda paterna, como si los esplendores y las grandezas de los días de prosperidad hubiesen sido heredados, cuando fueron ganados por el esfuerzo, la sangre y las riquezas castellanas; y como si Cataluña no hubiese contribuido en algunos momentos a precipitar la decadencia..."
viernes, 20 de agosto de 2010
Los mitos de la Historia de España. (23)
La meseta se lee en clave de crisis de identidad nacional. El abismo que separa las glorias imaginadas del pasado y la realidad harapienta del presente convirtió la tierra de Alvargonzález en la tierra de todas las tensiones. Castilla será para unos agria melancolía, nervio creador de España, fuga estética, y para otros insomne dolor de sangre, fuerza opresora, causa única del atraso español. Adiós España, escribe en 1898 Joan Maragall, pero la España a la que invita a despedir el poeta catalán no es otra que aquella Castilla que Valentí Almirall había descrito ya como una tierra de gentes ineptas para cualquier empresa positiva. Castilla, según Maragall, había concluido su misión rectora, Castilla, tierras adentro, desconoce el mar y en el mar está la esperanza de futuro...
Los mitos de la Historia de España. (22)
Llegó la paz. Tardó muchos años, demasiados... pero llegó, y España ha alcanzado, al terminar el siglo XX y comenzar el XXI, una situación social, política y económica que jamás imaginaron los intelectuales del 98. Hablar todavía de decadencias, regresar a los viejos adjetivos de la negrura paleta, repetir el antiguo monólogo de penas, es seguir caminando por un lienzo de Goya. Hoy el llanto ha cesado. Las palabras no son ascuas. Ya no son españoles los que no pueden ser otra cosa. Ya no atardece a todas horas. Hoy la historia no da melancolías, sólo esperanza... La esperanza que convive con el silencio de tantos años, con el hielo, pero también con el rumor de los sueños y el batir de alas.
jueves, 19 de agosto de 2010
Los mitos de la Historia de España. (21)
Hacia 1914 Unamuno escribía: "Toda España está progresando, y está progresando muchísimo, digan lo que digan los agoreros de desdichas." En 1926, Ramiro de Maetzu, decía: "En tiempos que, afortunadamente, se van alejando, era costumbre acusar a España de esta inadaptación a las esencias de la modernidad. La transformación rápida de España hace imposible que estos juicios se mantengan. También España se moderniza."
Los mitos de la Historia de España. (20)
Al filósofo Ortega el defecto de España le parecía congénito, su historia era la historia de una decadencia, pues siempre había llevado una existencia sonámbula. En España, escribía el pensador madrileño, la anormalidad había sido normal. El presente era la polvareda que había quedado después de que la gran ruta histórica hubiera pasado. "Cuando se atraviesan los Pirineos y se ingresa en España, se tiene siempre la impresión de que se llega a un pueblo de labriegos... Hay pueblos que se quedan por siempre en ese estado elemental de la evolución, que es la aldea..."
miércoles, 18 de agosto de 2010
Los mitos de la Historia de España. (19)
España no volvió a mandar en Europa pero tampoco se convirtió en una potencia de segundo rango. Luego de la guerra de Sucesión, los Borbones reconocieron que debían despojarse de las apariencias vanas del pasado y acomodar el horizonte de la monarquía a sus posibilidades reales. La monarquía de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, mutilada en Europa con las pérdidas de Utrecht -Bélgica, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Gibraltar, Milán y Menorca- reconstruyó la Armada, llevando a los mares una poderosa escuadra y recuperó influencia, internacional. La historia de la decadencia narra con detalle el descalabro de la escuadra del ministro Alebroni en aguas de Sicilia, los ataques ingleses a Vigo y los continuos fracasos del ejército español ante las murallas de Gibraltar, pero pasa por alto la recuperación de Nápoles y Sicilia tras la guerra de Sucesión polaca, la obtención de la Luisiana en 1763 después de la guerra de los Siete Años o la posesión de Menorca y la Florida como consecuencias de la guerra de la Indepednecia de Estados Unidos.
Jamás fue mayor el Imperio español en América que en 1780.
Los mitos de la Historia de España. (18)
Economía, gobierno, monarquía, gentes, ciencia, arte, literatura... todo en España se había reducido a comienzos del siglo XX a un continuo derrumbarse en el abismo. Literatos antes que cronistas, la imagen del pasado que los del 98 llevaban en su interior -eco de las imágenes construidas por la historiografía liberal- arrastraba consigo vestigios de un esplendor devastado. Los juicios tan frecuentemente negativos que hicieron sobre el lugar de España en el mundo, sus dudas y compunciones, nacían de contrastar la "inercia" y el "olvido" del presente con el mito de un jardín imaginado, una supuesta edad de oro: una Castilla mística y guerrera que situaban entre los versos del Romancero y el reinado de Carlos V.
Los mitos de la Historia de España. (17)
La idea de la decadencia española es un mito, una historia de niebla que se mueve por un océano de papel, de naufragios; una hsitoria que lleva mucha muerte dentro, como un réquiem que asciende por los reinos de los Austrias al caer el siglo XVI, dobla el XVII, enlaza la monarquía de los borbones en el XVIII y encadena la nación liberal del XIX hasta asfixiarla despiadadmente, hasta dejarla "sin pulso" el año 1898. El mito arrastra, por tanto, diversas épocas e imágenes; su rumor está hecho de coros y tiempos completamente distintos.
Los mitos de la Historia de España. (16)
Más allá del exilio republicano, en España hay una larga historia de intolerancia y de sangre, una historia de éxodos y de llanto, diciéndose y escribiéndose para siempre, diciéndose y escribiéndose entre el humo de las hogueras y la bruma de los presidios. En España late un pasado doliente y desengañado que ha arrancado parte de sus raíces y que ha obligado a muchos españoles a vivir transterrados, sobremuriéndose. A veces dentro de la Península, en ocasiones a la otra orilla del mar. Una historia como una larga herida. Todos los sueños son un solo sueño. Todos los siglos son un solo instante y su naufragio. Todos los nombres son el mismo nombre: Hispania, Toledo, Al Andalus, Sefarad, América, España... mosaico de términos que proyecta en la Historia de España un perfil de quimera y otro de sombra, un esplendor de voces y pueblos y otro de silencio y ceniza.
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