Fuera quien fuera el vencedor, la guerra, pensaba Azaña, terminaría para él con una derrota. La paz se había desprendido de España y con ella, el proyecto de toda una vida, su vida; y con ella, el aliento de toda una generación, su generación; y con ella el sueño de un país que, después de dos siglos de ausencia, estaba de nuevo presente en el mundo gracias a sus hombres de letras y de ciencia... el sueño de un país que ya no existía, que era pasado, ruinas... su país. El presidente de la República se sintió más que herido por la guerra. Tras la imagen impasible, digna, que mostraba en los mítines y en los actos ofciiales, estaba la deslalción, la desolación que bate en las entrañas como el relámpago. No era ya su fracaso de la República, el fracaso de España por entrar en la modernidad.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Los mitos de la Historia de España. (53)
Fuera quien fuera el vencedor, la guerra, pensaba Azaña, terminaría para él con una derrota. La paz se había desprendido de España y con ella, el proyecto de toda una vida, su vida; y con ella, el aliento de toda una generación, su generación; y con ella el sueño de un país que, después de dos siglos de ausencia, estaba de nuevo presente en el mundo gracias a sus hombres de letras y de ciencia... el sueño de un país que ya no existía, que era pasado, ruinas... su país. El presidente de la República se sintió más que herido por la guerra. Tras la imagen impasible, digna, que mostraba en los mítines y en los actos ofciiales, estaba la deslalción, la desolación que bate en las entrañas como el relámpago. No era ya su fracaso de la República, el fracaso de España por entrar en la modernidad.
Los mitos de la Historia de España. (52)
La guerra civil, sin embargo, no fue una guerra en la que se enfrentaron dos Españas, no fue una guerra entre fanáticos de izquierda y derecha. La guerra civil no fue una, sino muchas guerras que se solaparon entre sí, exacerbando las amarguras y los desgarros individuales. El mito de dos Españas extremistas devorándose mutuamente proyecta al mundo la imagen de una lucha de fascistas contra comunistas, de católicos contra ateos, de separatistas contra centralsitas, de campesinos hambrientos contra terratenientes rapaces... pero tritura el matiz humano, el matiz que nos dice que los hombres y mujeres de las fotografías de aquellos años inciviles tienen nombres y apellidos, no son tipos ni ejemplos, ni siquiera habitantes perdidos de ese reino imaginario, la memoria. Traspasado de herrumbrosas lanzas y en traje de cañón, el mito de las dos Españas borra la singularidad absoluta de los seres humanos, y al borrar ese matiz distorsiona la realidad profunda de la guerra, la sepulta.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Los mitos de la Historia de España. (51)
En 1919 Ortega y Gasset: "Hoy, sobre el horizonte de España, aparecen dos fantasmas: el de la revolución, agitado por unos, y el de la represión, sostenido por los del bando opuesto. ¿No habrá nada más que eso en el inmediato porvenir de España? ¿No se sabrá elegir un camino ancho y limpio?"
Para muchos españoles la Segunda República fue aquel camino ancho y limpio, un camino que se abría paso en 1931 sin ruido de armas ni derramamientos de sangre. El camino, rodeado desde el comienzo de una atmósfera de amenaza, duró seis años. En 1936, el estallido de la guerra civil destripó sus terrones de progreso y sembró en muchos intelectuales la convicción de que todo había sido un sueño -las obras fracasadas, los ilusorios planes de Azaña...-, de que arrancándose la carne a dentelladas los espñañoles cumplían un destino funesto, como los héroes de una tragedia griega, como esos dos individuos que pintó Goya enterrados hasta las rodillas y matándose a garrotazos.
Los mitos de la Historia de España. (50)
Tenía razón Ramón J. Sender: todas las guerras civiles están irremisiblemente perdidas. La de 1936 rseultó, además, tres veces perdida: primero en aquellos tres años de infierno jamás mitigados; luego en el exilio de quienes tuvieron que huir para salvar la cárcel o la miseria de quienes se quedaron; y, finalmente, durante muchos años, en la historia. Decía Francis Bacon que las nociones falsas se apoderan del entendimiento de los hombres con gran facilidad y suelen permanecer muy firmemente arraigadas, de modo que la verdad encuentra sólidas resistencias para abrirse paso. Francis Bacon escribía en el siglo XVII, pero sus palabras explican perfectamente lo que ha ocurrido en el siglo XX con le recuerdo de la guerra civil española.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Los mitos de la Historia de España. (49)
Los grandes perdedores de la Transición no fueron como aún se escribe o se dice con adherencias de nostalgia, la Niña Bonita ni tampoco aquellos jóvenes de los sesenta que militaron en la resistencia antifranquista y estaban encuadrados en partidos cuyos programas anhelaban la revolución violenta y la dictadura del proletariado. La gran perdedora de la Transición fue la memoria. Entre la urna y la metralla terrorista, la senda hacia lal democracia se pavimentó sobre el olvido del pasado, de sus tragedias colectivas y personales, pero sobre todo se construyó sobre el olvido de la tradición liberal e ilustrada, aquella que había dado nervio ético e impulso cultural a la nación durante dos siglos. La gran perdedora de la Transición fue la España liberal del 31, cuyo latido quedó enterrado definitivamente en los cementerios de la historia. Franco la había triturado de exilios y penas durante su estancia en el poder y la democracia del 78 dejó que se secaran sus últimas raíces.
Los mitos de la Historia de España. (48)
La monarquía española es una institución de un solo cuerpo, profundamente humano, reacia a complicidades divinas que a la larga no tolera el pueblo. Ni el nacionalismo del siglo XIX, auténtica religión encubierta, lograría sacralizarla, fracasando en 1868 y 1931. De ahí que, la historia manifieste una profunda veta anticlerical y antimilitarista pero no antimonarquismo en sentido estricto. De ahí que en los años de la Transición, cuando la monarquía supo reconvertir su deuda franquista en crédito democrático, cuando el rey Juan Carlos hizo suya la ilusión republicana por las libertades y la modernidad y se dispuso, no a gobernar, sino a reinar -nada más- el carlismo y la esperanza republicana desaparecieron de la escena política, aliviando a la Corona de las amenazas que durante cien largos años habían gravitado sobre ella.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Los mitos de la Historia de España. (47)
Antonio Machado cantaba a Líster, jefe de los ejércitos del Ebro:
Si mi pluma valiera tu pistola de capitán,
contenta moriría
Y en Burgos fascinado por las hazañas del héroe armado y guerrero, Manuel Machado laureaba el avance del general Franco:
Caudillo de la nueva Reconquista,
Señor de España, que en su fe renace,
sabe vencer y sonreír, y hace
campo de pan a la tierra de conquista.
Dos hermanos separados a uno y otro lado de la historia por una guerra civil en la que dos poetas hicieron, de la España del crimen y el desvelo, canto.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Los mitos de la Historia de España. (46)
Desde el momento en que ETA colocó por delante de su reivindicación nacional, muchos curas vascos prefirieron suspender su juicio ético sobre las acciones terroristas. Lo hicieron en los años de la dictadura y lo han venido haciendo, cada vez en menor número, tras la muerte de Franco. Ante un "movimiento de liberación nacional" fueran cuales fueren sus procedimientos, no cabían respuestas condenatorias porque, como dice un eslogan perverso, que es, a la vez, grito y pintada: "El pueblo no perdonará." Mientras el dictador viviese no faltarían tampoco sectores de la población española que estuviesen dispuestos a cerrar sus ojos ante el terrorismo etarra. Pero quien justifica un asesinato se coloca en el plano inclinado de justificar muchos más y la Iglesia vasca que se acostumbró a convivir con el terrorismo y que fue aumentando su componente nacionalista en los primeros años de la transición, dejaría pasar el tiempo en una cadena de complicidades y silencios antes de situarse, con excepciones, enfrente de ETA.
Los mitos de la Historia de España. (45)
Las raíces del nacionalismo catalán no son republicanas ni liberales sino profundamente católicas y profundamente conservadoras. Las raíces están en la Renaixença, cuyos insignes representantes fueron muy del gusto de Menéndez Pelayo. Cataluña no era ni moderna ni antigua, era medieval, debía ser medieval, espíritu de honor, moral severa y fe sólida, según el ensueño de Milá y Fontanals. Cataluña era una nación esencialmente católica, como decía al estilo de su admirado Menéndez Pelayo el obispo Torras i Bages en "La tradición catalana": "A Cataluña la hizo Dios, no la hicieron los hombres." Cataluña debía aspirar a la representación corporativa mediante el sufragio de los cabezas de familia, por gremios y profesiones, a fin de acabar con el parlamentarismo que entregaba el gobierno a los charlatanes de oficio, de acuerdo con el espíritu de las "Bases de Manresa". Su solución, según Prat de la Riba, era la representación corporativa, el Estado federal en el interior y el imperialismo en el exterior, imperialismo como expansión cultural, política y económica de Cataluña a costa de las naciones menos cultas, a las que cabía imponer la civilización más desarrollada por mecanismos pacíficos o por la fuerza.
jueves, 11 de noviembre de 2010
viernes, 22 de octubre de 2010
jueves, 14 de octubre de 2010
Los mitos de la Historia de España. (44)
El enviado de Mussolini no andaba descaminado. De la misma manera que el fascismo italiano había nacido en Milán, ciudad industrial y conflictiva, el español podía emerger en la ciudad de Prat de la Riba. El mismo Giménez Caballero, que había pasado una temporada en Barcelona, llegó a soñar con ello y escribió artículos en catalán pensando impulsar el fascismo desde el corazón de Cataluña. En Barcelona se hablaba entonces de la superioridad de la raza catalana, se criticaba con dureza el liberalismo, se conjuraba la tierra y los muertos, se soñaba con imperios y naciones inferirores que dominar...
A finales del siglo XIX el doctor Bartomeu Robert, alcalde de Barcelona, hacía exhaustivas mediciones de cráneos a gentes del país, para demostrar que efectivamente la estirpe catalana era superior. Ya metidos en el siglo XX el joven Eugenio d´Ors, lector ferviente de Sorel, "el nuevo profeta de la espiritualidad obrera", y devoto seguidor del futuro consejero de Pétain, Charles Maurras, lanzaba sus glosas aristocráticas contra todo lo que oliera a democracia y a liberalismo mientras los vanguardistas José Vicente Foix y, sobre todo, José Carbonell, educados en el catalanismo de Prat de la Riba y la Lliga Regionalista, acusaban a Cambó de no entender la novedad del fascismo y de no plantearse su posible adaptación a Cataluña.
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