martes, 21 de junio de 2011

Porque tengo hijos (5)


La resistencia conlleva una cierta épica que ayuda a mantenerse. Recuerdo un mitin en Ondarroa, en las últimas elecciones municipales. Yo encabezaba la candidatura del Partido Socialista en un municipio en el que no teníamos -ni esperábamos obtener- representación. Se trataba de presentar una lista para hacer un ejercicio de autoafirmación política, de presencia, para mandar un mensaje de fortaleza a nuestra gente. Y, de paso, para que los otros, los malos, se enteraran de que no estábamos dispuestos a desistir. Hicimos el mitin en la plaza del pueblo, en la calle. En el centro, como una islita, diecisiete amigos -gentes de Basta ya, Carlos Totorika, Carlos Martínez Gorriarán, mis hijos, Niko Gutiérrez...-. Sentados en los bancos que rodean la plaza, tres decenas de batasunos. Alrededor de la plaza, dos furgonetas de la Ertzainza, varios coches de policía, mis escoltas, los escoltas de mis amigos... Tras las ventanas de las casas que daban a la plaza, las gentes del pueblo que miraban y escuchaban a hurtadillas entre los visillos.
Entonces subió al estrado Totorika. Hizo la presentación en euskera, el idioma que en aquella zona es mayoritario. Luego subí yo. Hablé en español, el otro idioma del País Vasco. Y reivindiqué con él mi ciudadanía española y mi vecindad vasca. Los borrokas empezaron a abuchearme. Pero la megafonía era estupenda. Y la policía estaba muy cerca. Y funcionaba la ley de partidos, con lo que sabían que no iba a haber ningún tipo de impunidad. Ellos abucheaban, pero no se movían. Y yo, hablaba; y mi voz era más fuerte que sus abucheos. Tuvieron que escuchar un mitin del Partido Socialista. Les expliqué que yo tenía derecho a presentarme a las elecciones porque era militante de un partido democrático; y ellos no. Gritos. Luego les dije que era una ciudadana vasca, española y europea. Más gritos. Que yo era una vasca típica: mestiza. Hija de represaliados por el franquismo, de un hombre condenado a muerte y traído a la cárcel de Larrinaga (Vizcaya) desde un campo de concentración de Santander. Les expliqué que mis padres se quedaron a vivir en Euskadi, cuando mi padre salió de la cárcel, por su propia decisión. Y que mis hermanos y yo habíamos nacido aquí. Y que aquí estaban enterrados mis padres; que aquí habían nacido nuestros hijos; que aquí queríamos seguir viviendo. Que es nuestra tierra y que tenemos derecho a echar raíces en ella. Que nadie nos iba a expulsar de nuestra casa.
Gritaban, pero no se movían. Y no podían evitar oír lo que yo decía. Fue un acto estupendo, ciertamente político, épico. A pesar de ese ambiente opresivo que he descrito, en días como ése una siente que existen razones para quedarse, que sirve de algo que nuestra voz se escuche. Yo sentí que aquellas personas que escuchaban tras lso visillos también se habían sentido ese día un poquito más libres. Es el ejemplo de esos días en los que, como antes les decía, la épica de la resistencia, si me permiten una palabra que quizá resulte excesiva, te mantiene con el ánimo a tope.

Porque tengo hijos (4)

El PNV, una vez más, nos traicionó. Traicionó a la democracia, como ya lo había hecho en la Guerra Civil, ofreciendo en Santoña sus gudaris al Gobierno fascista italiano. Aunque no lo supimos hasta después, esa traición se gestó mientras gobernaba con nosotros los socialistas en el País Vasco y mantenía un acuerdo parlamentario con Aznar en Madrid. Por el contrario de lo que a veces se insinúa -para argumentar la necesidad de ceder ante el nacionalismo "moderado" y evitar así que éste se radicalice-, conviene recordar que el PNV se fue al monte por interés partidario y electoral, sin que nadie le empujara. Cuando tuvo que optar, después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, entre defender la democracia -arriesgándose a integrar el colectivo de las víctimas-, o hacer un pacto entre nacionalistas -incluidos los asesinos-, y garantizar así la hegemonía del nacionalismo cuando ETA desapareciera, eligió la segunda opción.

Porque tengo hijos (3).


Pero quiero que nadie se equivoque: no me mueve ningún sentimiento negativo, vindicativo. Me mueve el deseo de evitar que en nuestros hijos se repita nuestra hsitoria. Yo tengo, en el moemnto que escribo estas líneas, cincuenta y tres años. Pertenezco a una generación de vascos que nunca ha vivido en libertad. Casi la mitad de nuestra vida se desarrolló bajo el régimen franquista. La otra mitad hemos vivido bajo el régimen nacionalista, el que desde las instituciones ha mirado para otra parte durante los largos años en los que ETA ha tratado de derrotar a la democracia; el que ha perdido la piedad hacia las víctimas; el que ha relativizado el sufrimiento de la gente que vive sin libertad. Hemos vivido media vida bajo ese régimen que propugnaba el nacionalismo obligatorio y bajo la amenaza del nacionalismo totalitario representado por ETA.

lunes, 20 de junio de 2011

Porque tengo hijos (2).


Escribo este libro para recordar y para que mis hijos recuerden. Para que no se nos olviden las cosas que han ocurrido en este País durante los años en los que en el resto de España se concolidaba la democracia. Para que nadie se olvide de dónde estuvo cada cual en su momento, quién hizo qué. Para que todo el mundo recuerde qué cosas hicimos bien, qué cosas tuvieron éxito contra ETA y contra la impunidad. Qué decisiones nos colocaron al borde de derrotar a los terroristas, a su mundo, a sus objetivos. Para que todos receurden quién habló y quién calló; quién se comprometió y quién miró para otro lado. Quién defendió la convivencia y la democracia y quién la despreció y la traicionó.

Porque tengo hijos.


A partir de hoy os iré seleccionando extractos de "Porque tengo hijos", el libro que publicó Rosa Díez en 2.006, un compendio de artículos de opinión que explican parte de la historia de España.

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Una de las manifestaciones de reconocimiento, de los piropos, más repetidos cuando desde fuera de Euskadi se refieren a los vascos que hacemos política sin ser nacionalistas, consiste en llamarnos valientes. Verán desmintiendo, esa apreciación generalmente extendida, quiero aclarar que yo no soy una mujer valiente. Ni me gusta el riesgo, ni lo persigo, ni lo necesito para vivir. Me gustaría, como a todo el mundo vivir tranquilamente. Salir de casa sin problemas y no dudar antes de entrar en determinados barrios de mi ciudad. Tampoco soy indiferente a las caras de odio o de desprecio con que, a veces, me encuentro por las calles del País Vasco. Tampoco me gusta que mis hijos paguen las consecuencias por mi militacia política, que ese hecho les haya podido generar algún tipo de problema en sus relaciones personales o de grupo.

miércoles, 15 de junio de 2011

martes, 14 de junio de 2011

¡Izquierda nacionalista!


Que sigue sin arredrarse ahora, cuando en una paradoja difícil de entender, una parte de la izquierda socialista se alía con ciertos nacionalismos. Pues verdaderamente, es difícil encontrar teóricamente algo más opuesto que la defensa de la igualdad y de la libertad de los individuos, de los ciudadanos, por un lado, y, por otro, el predominio del grupo sobre el individuo que defiende todo nacionalismo, en donde el criterio de nacimiento está por encima del criterio del mérito personal; en donde se vuelve a lo peor del Antiguo Régimen -no solo el franquismo en cuanto a ciertos procedimientos autoritarios y a la adopción de la "enemistad política" de Carl Schmitt: o conmigo o contra mí, sino más atrás, a la antigua sociedad estamental territorializada-; en donde la igualdad de oportunidades queda burlada por la prioridad del lugar de nacimiento.

CARMEN IGLESIAS
RR.AA. Española de la Historia

domingo, 12 de junio de 2011

Esta mañana, como todas las mañanas...


Qué ha dicho esta mañana el periodista facha que siempre dice cosas fachas. Quién le ha respondido desde el otro lado y cuál fue el insulto progre que usó esta vez.

jueves, 9 de junio de 2011

Pobres chicos



Pobres chicos, tan lejos de la España real y tan cerca de la Catalunya inventada.

domingo, 5 de junio de 2011

Calígula


Adam Schaff, a manera de metáfora sobre el estalinismo, se preguntó quién era más responsable: Calígula nombrando procónsul a su caballo o el Senado que se lo toleró. Yo me traslado a la actualidad catalana y también responsabilizo a la ciudadanía que vota por inercia.

sábado, 14 de mayo de 2011