Pero, en las aulas, no sólo el alumnado es diverso. También lo puede ser el profesorado, faltaría más. Para este curso, el Departamento de Enseñanza de la Generalitat se ha inventado una nueva figura docente que reúne dichos requisitos: el "profesor de diversidad". Y no crea el lector que estamos ante un especialista en tratar con alumnos diversos, no; estamos, pura y simplemente, ante un profesor que lleva la diversidad en la sangre, ante alguien que puede haber estudiado para matemático pero que se siente capaz de enseñar ciencias sociales o naturales, filosofía, publicidad o educación física. ¿Se imaginan lo resultona que podría quedar semejane figura si la exportaran, por ejemplo, al campo de la sanidad pública? De un plumazo, se acabarían las interminables colas en los servicios de urgencias y en los quirófanos especializados en cardiopatías. ¿Que no hay ningún cirujano experto en el corazón para operar a aquella mujer que lleva más de un año en lista de espera? No sufra, por ahí debe de andar algún traumatólogo ocioso o algún endocrino desocupado que por el mismo precio se lo hará la mar de bien. Y, si no, echamos mano del bueno del anestesista, que también es muy diverso.
martes, 16 de marzo de 2010
Progresa adecuadamente. (7)
Pero, en las aulas, no sólo el alumnado es diverso. También lo puede ser el profesorado, faltaría más. Para este curso, el Departamento de Enseñanza de la Generalitat se ha inventado una nueva figura docente que reúne dichos requisitos: el "profesor de diversidad". Y no crea el lector que estamos ante un especialista en tratar con alumnos diversos, no; estamos, pura y simplemente, ante un profesor que lleva la diversidad en la sangre, ante alguien que puede haber estudiado para matemático pero que se siente capaz de enseñar ciencias sociales o naturales, filosofía, publicidad o educación física. ¿Se imaginan lo resultona que podría quedar semejane figura si la exportaran, por ejemplo, al campo de la sanidad pública? De un plumazo, se acabarían las interminables colas en los servicios de urgencias y en los quirófanos especializados en cardiopatías. ¿Que no hay ningún cirujano experto en el corazón para operar a aquella mujer que lleva más de un año en lista de espera? No sufra, por ahí debe de andar algún traumatólogo ocioso o algún endocrino desocupado que por el mismo precio se lo hará la mar de bien. Y, si no, echamos mano del bueno del anestesista, que también es muy diverso.
Progresa adecuadamente. (6)
El caso es que hoy en Cataluña toda la enseñanza pública obligatoria se imparte, por fuerza, en catalán. Sólo en algunos cursos de Bachillerato, y en algunos -pocos- centros privados, se dan las clases en castellano, además de en catalán, inglés, francés, alemán o el idioma que se tercie. Así está la cosa. Y, dejando a un lado esa similitud entre las lenguas a la que me refería hace un momento y que tan fáciles ha puesto las cosas, ¿sabes cómo hemos llegado hasta aquí, cómo ha sido posible esto? Quizá no lo sepas, pero seguro que lo intuyes. Sí, la autonomía, la famosa potestad de cada comunidad para gestionar sus asuntos; de aquí viene todo, en efecto. Por eso la LOGSE fue tan bien recibida en Cataluña, y por eso una coalición como Convergència i Unió, tan renuente, en principio y por principio, a las utopías izquierdistas y a los falsos igualitarismos, y tan favorable, en cambio, a la meritocracia, se avino al pacto. Dicen que sarna con gusto no pica. Y es que, si la sarna la traía la izquierda, el gusto lo experimentaba el nacionalismo al aprovechar el inicio de la reforma educativa para implantar la inmersión lingüística en los primeros niveles de la enseñanza y convertir poco a poco el catalán en la única lengua de la escuela. Tras más de tres lustros de inmersión continuada, hasta los propios estrategas educativos reconcoen haber alcanzado sus últimos objetivos en el aula. Eso sí, enseguida añaden que, una vez dominada el aula, ahora van a por el pasillo, el patio y el entorno.
Progresa adecuadamente. (5)
Y en todas estas comunidades el nacionalismo ha tenido siempre una preocupación mayor: preservar "la lengua propia", así llamada en los respectivos estatutos de autonomía por obra y gracia de este mismo nacionalismo -y por la inacción, claro está, del resto de las fuerzas políticas, y en especial de los dos grandes partidos nacionales, que cedieron en este punto sin atisbar lo que se les venía encima-. Porque la consideración de que las lenguas no son un asunto estrictamente individual, de cada uno de los hablantes, sino propias de un lugar y poseedoras, en consecuencia, de un aura colectiva, histórica y simbólica; la consideración, en suma, de que hay lenguas de un territorio y lenguas que no lo son, no sólo determina la primacía de un idioma con respecto al otro -que, para más inri, es el idioma oficial del Estado y el hablado por la mayoría de la población, incluso en el territorio en cuestión-, sino que representa, inevitablemente, una fractura social, unos ciudadanos de primera y otros de segunda, unos más propios y otros más impropios.
viernes, 12 de marzo de 2010
Progresa adecuadamente. (4)
No cuesta mucho imaginar el efecto que esta descentralización de las competencias ha producido en la cultura de los jóvenes españoles. Seguramente el adjetivo que conviene a esta cultura es "subsidiaria". Sí, la cultura de nuestros bachilleres, o de nuestros secundarios, o de nuestros primarios, puesto que muchos ni siquiera superan los ciclos iniciales, proviene de la aplicación del principio de subsidiariedad. Y este principio, cuya eficacia en lo tocante a la administración de los asuntos públicos es harto discutible, trasladado al terreno de la enseñanza da como resultado unos conocimientos que a duras penas traspasan el límite del barrio o del pueblo en que se halla ubicado el centro educativo. Se trata, sin duda alguna, del triunfo de lo particular frente a lo general, de lo que separa y singulariza frente a lo que une y universaliza. En lugar de enseñar a nuestros jóvenes lo que, de otra forma, difíclmente alcanzarán a conocer por sí mismos, se les predica las maravillas de lo obvio, de lo que tienen a mano, de lo puramente accesorio, por insignificante y consabido.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Progresa adecuadamente. (3)
A eso nos ha llevado la izquierda, con su negativa a reconocer que la primcipal función de la enseñanza ha de ser la transmisión del conocimiento; con su rechazo de la memoria, la autoridad, el mérito y el esfuerzo; con su apología del peterpanismo, y con su defensa de la igualdad como valor y aspiración supremos, igualdad a la que todos estamos sujetos y ante la que nada valen ni la libertad ni la excelencia. ¡Cuánta razón tenía Cándido en su última Tercera en ABC cuando reivindicaba la necesidad de la jerarquía -eso es, de la autoridad- con el argumento de que la alternativa a las imprescindibles graduaciones jerárquicas no es la igualdad, sino la tiranía, el imperio de la fuerza bruta! Pero no ha sido sólo la izquierda. El nacionalismo también ha colaborado lo suyo. Y esto del nacionalismo entiéndelo, por favor, no como algo privativo de los vascos y los catalanes -y, si tanto me apuras, de los gallegos-, sino como algo mucho más hondo y difuso. En definitiva, entiéndelo como un saco enorme donde caben también os regionalismos más burdos y los localismos más groseros. Y es que la LOGSE, entre otras muchas barbaridades, permitía asimismo que la definición de la mitad de los contenidos fuera competencia de las comunidades autónomas.
domingo, 28 de febrero de 2010
Progresa adecuadamente. (2)
Sin la feliz conjunción de la izquierda y el nacionalismo todo esto no habría ocurrido. Te cuento cómo fue. En 1985 los socialistas aprobaron una nueva ley orgánica, la LOGSE, que ponía patas arriba el modelo de enseñanza tradicional. Sólo unos datos para que veas el alcance de la remoción: el Bachillerato, que como sabes ya había perdido mucho peso con la reforma de Villar Palasí, quedaba reducido a dos tristes anualidades; aparecía la Secundaria, lo que permitía alargar el periodo de enseñanza obligatoria hasta los 16 años y escolarizar a la fuerza a muchos jóvenes que, a esa edad y en condiciones normales, ya estarían preparándose para su inserción en el mundo laboral; se implantaba la igualdad por decreto, eso es, la nivelación por abajo, con alumnos que pasaban de curso aunque tuvieran todas las asignaturas suspendidas; y el profesorado sufría una igualación similar, puesto que los maestros se codeaban con los agregados de instituto, y los catedráticos -por lo menos en Cataluña- debían conformarse con tener la condición de tales. La consecuencia de todo ello fue que los colegios y los institutos se convirtieron en una prolongación de la guardería, hasta el punto de que, a estas alturas, incluso la universidad empieza a semejar ya un parvulario.
jueves, 25 de febrero de 2010
Progresa adecuadamente
A partir de hoy os iré colgando retazos de "Progresa adecudamente", el libro que Xavier Pericay publicó en 2007.
Para que me entiendas, te diré que el franquismo se ha convertido en un gran tabú, en la mismísima encarnación del mal. Es algo de lo que no puede hablarse, como no sea para certificar que todo cuanto pasó en aquellas tres largas décadas debe ser borrado de la historia. Imposible realizar un análisis serio, frío, documentado. Por supuesto, no todo el mundo opina lo mismo. Pero son pocos, sobre todo en Cataluña, los que se atreven a alzar la voz para recordar que había cosas, en aquel régimen, dignas de ser conservadas. El modelo educativo, por ejemplo. No en su totalidad, claro está, pero sí en lo que podríamos llamar su esencia. Es decir, en lo que tenía de continuidad con respecto a la enseñanza tradicional, ya fuera la vinculada a la Iglesia -aquí tienes otro tópico, el de que toda la enseñanza religiosa fue perniciosa-, ya fuera la de aquella República liberal que tanto prometía y en tan poco quedó. Pues bien, este cordón umbilical que muchos profesores de enseñanza media contribuisteis a salvar, con vuestro esfuerzo y vuestro ejemplo, durante casi cuarenta años, de las miserias morales e intelectuales del régimen franquista, se ha ido al traste. Y, ¡oh paradoja!, por franquista precisamente.
miércoles, 17 de febrero de 2010
sábado, 13 de febrero de 2010
Los españoles pagaremos los gastos de traducción de nuestros europarlamentarios en Bruselas
Un texto de Juan Julio Alfaya
Hay que reconocer que para algunos artículos de lujo y demás caprichitos identitarios hay más dinero que para las necesidades más apremiantes de los españoles. Los europarlamentarios españoles, que hablan y conocen perfectamente el idioma oficial de su Estado, es posible que pueden utilizar sus respectivas lenguas vernáculas en los debates parlamentarios, ya que el gobierno ha decidido que "España" (o sea, los españoles) pagaría los gastos de traducción. Es decir, un europarlamentario gallego, vasco o catalán, que habla perfectamente el español, podrá permitirse el lujo de hacerlo en su lengua vernácula gracias a que la factura de los traductores la pagaremos, como siempre, las castigadas clases medias de este país, algo que ni a Kafka le hubiera salido más kafkiano.
El encargado de tramitar tan absurda e innecesaria petición ante el presidente del Parlamento Europeo, el polaco Jerzy Buzek, será Diego López Garrido que a estas alturas ya se encuentra en Bruselas para transmitirles a los altos dirigentes de las instituciones europeas la nueva genialidad que, con toda seguridad, ha surgido como una pompa de jabón del cerebro vacío del Acariciador de Obama.
Los diputados y las diputadas, los miembros y las miembras que viven a cuenta de nuestros impuestos "wie Gott in Frankreich" (expresión alemana que significa "como Dios en Francia") podrán, por fin, quitarse de encima el ignominioso peso de tener que expresarse en la lengua oficial de su Estado.
Espero que el representante de las Islas Canarias pueda, por fin, expresarse en Bruselas mediante el silbo gomero. La pena es que no viva Luis Buñuel para filmarlo y deleitarnos con la más surrealista de sus películas.
miércoles, 3 de febrero de 2010
El pringao catalán
Edurne Uriarte en ABC
La represión lingüística catalana es, como toda represión, caprichosa y arbitraria. Vamos, que no sigue un patrón de justicia y equidad. De ahí que se cebe en los más vulnerables, en los menos poderosos, en los más débiles para responder al Gobierno catalán. O sea, en los pringaos, que constituyen uno de los aspectos llamativos de este abuso incontrolado de poder en que se ha convertido la persecución del castellano en Cataluña. Sean los pequeños comerciantes, los empresarios de las salas de cine o los padres de niños en edad escolar.
El Gobierno catalán le pone una cuota o una multa al empresario de las salas de cine o al pequeño comerciante, arrasa con el español en el sector educativo, pero no se le ocurre, sin embargo, hacerles lo mismo a los grandes periódicos catalanes. Y que me perdonen los colegas catalanes, que esto es un mero argumento teórico y no es que yo quiera dar nuevas ideas represivas a Montilla y compañía. Pero si se trata de poner cuotas y multas para imponer el uso del catalán, no se entiende por qué se hace con las salas de cine pero no con los periódicos. O con los editoriales, todos obligados a publicar la mitad en catalán. O con el teatro. O con todas las páginas de internet.
Que es exactamente lo mismo que sucede con las cuotas de género. Se aplican de forma arbitraria en los sectores más débiles y menos respetados, pero el Gobierno no se atreve con una buena parte del propio Estado, la medicina, los transportes, el Ejército, la judicatura, por ejemplo, ni mucho menos, con los medios de comunicación. Por si acaso.
Por si hay un acto de rebelión colectiva por parte de los que pueden. De ahí que la represión lingüística catalana se sustente en un peculiar sistema de hipocresía social. Todo el mundo hace grandes proclamas de fe en la sacralidad del catalán. Y para que cunda el ejemplo, pagan los pringaos.
La represión lingüística catalana es, como toda represión, caprichosa y arbitraria. Vamos, que no sigue un patrón de justicia y equidad. De ahí que se cebe en los más vulnerables, en los menos poderosos, en los más débiles para responder al Gobierno catalán. O sea, en los pringaos, que constituyen uno de los aspectos llamativos de este abuso incontrolado de poder en que se ha convertido la persecución del castellano en Cataluña. Sean los pequeños comerciantes, los empresarios de las salas de cine o los padres de niños en edad escolar.
El Gobierno catalán le pone una cuota o una multa al empresario de las salas de cine o al pequeño comerciante, arrasa con el español en el sector educativo, pero no se le ocurre, sin embargo, hacerles lo mismo a los grandes periódicos catalanes. Y que me perdonen los colegas catalanes, que esto es un mero argumento teórico y no es que yo quiera dar nuevas ideas represivas a Montilla y compañía. Pero si se trata de poner cuotas y multas para imponer el uso del catalán, no se entiende por qué se hace con las salas de cine pero no con los periódicos. O con los editoriales, todos obligados a publicar la mitad en catalán. O con el teatro. O con todas las páginas de internet.
Que es exactamente lo mismo que sucede con las cuotas de género. Se aplican de forma arbitraria en los sectores más débiles y menos respetados, pero el Gobierno no se atreve con una buena parte del propio Estado, la medicina, los transportes, el Ejército, la judicatura, por ejemplo, ni mucho menos, con los medios de comunicación. Por si acaso.
Por si hay un acto de rebelión colectiva por parte de los que pueden. De ahí que la represión lingüística catalana se sustente en un peculiar sistema de hipocresía social. Todo el mundo hace grandes proclamas de fe en la sacralidad del catalán. Y para que cunda el ejemplo, pagan los pringaos.
martes, 2 de febrero de 2010
Salvar a la patria cuesta una pasta
Félix De Azúa en El Periódico de Catalunya
Es una grave injusticia la escasa gratitud pública que mostramos hacia el heroico Gobierno de Catalunya. Lleva ya un montón de años luchando a brazo partido contra los catalanes, tratando de persuadirles para que sean catalanes, pero los catalanes, gente montaraz e insumisa (ya se vio en tiempos de Franco), no se enmiendan.
Lo han intentado por todos los medios, con sermones de altísimo rigor intelectual (ahí ha destacado el joven Herrera de finos aires abaciales), con el ejemplo a la manera de los misioneros en tierra pagana (¡mártir Carod!), y también con la firme mano que sostiene la porra. O sea, con multas, una fruslería, una futesa: entre el 2003 y el 2006 recaudaron 225.225 euros en sanciones contra catalanes con ramalazo español. Los últimos tres años han superado tan tímida cifra, pero no hay datos solventes para no dar armas al enemigo. Considérese que cada multa obedece a una denuncia previa, ya que hay un número discreto de patriotas (lo mejor de la sociedad, no hay que decirlo) que se sacrifican denunciando al prójimo. Una auténtica élite secreta que constituye el escuadrón de choque del social-nacionalismo de Montilla.
Pero no hay descanso. Hoy son los catalanes que tienen el privilegio de poseer salas de cine los que se niegan a catalanizar su negocio. Dicen que el doblaje al catalán les arruinaría, como si eso fuera una excusa. ¿Se imaginan a san Ignacio de Loyola arguyendo que cristianizar la China iba a ser la ruina? Ya se sabe que salvar una patria siempre cuesta dinero. ¡Sobre todo cuando se tiene en contra a la población!
En los últimos 30 años, nuestros misioneros políticos han gastado cientos de miles de millones de euros (ajenos, por suerte) para obligar a los catalanes a que sean catalanes. Ya se ve que la cosa no va como la seda. Por eso suenan voces en el Gobierno catalán que estudian una alternativa audaz: emigrar a Zaragoza. Según expertos profesores de la Universitat Autònoma, los aragoneses están deseando ser catalanes y la capital de Catalunya quedaría preciosa junto a la Pilarica. ¡Les deseamos de todo corazón un gran éxito!
Es una grave injusticia la escasa gratitud pública que mostramos hacia el heroico Gobierno de Catalunya. Lleva ya un montón de años luchando a brazo partido contra los catalanes, tratando de persuadirles para que sean catalanes, pero los catalanes, gente montaraz e insumisa (ya se vio en tiempos de Franco), no se enmiendan.
Lo han intentado por todos los medios, con sermones de altísimo rigor intelectual (ahí ha destacado el joven Herrera de finos aires abaciales), con el ejemplo a la manera de los misioneros en tierra pagana (¡mártir Carod!), y también con la firme mano que sostiene la porra. O sea, con multas, una fruslería, una futesa: entre el 2003 y el 2006 recaudaron 225.225 euros en sanciones contra catalanes con ramalazo español. Los últimos tres años han superado tan tímida cifra, pero no hay datos solventes para no dar armas al enemigo. Considérese que cada multa obedece a una denuncia previa, ya que hay un número discreto de patriotas (lo mejor de la sociedad, no hay que decirlo) que se sacrifican denunciando al prójimo. Una auténtica élite secreta que constituye el escuadrón de choque del social-nacionalismo de Montilla.
Pero no hay descanso. Hoy son los catalanes que tienen el privilegio de poseer salas de cine los que se niegan a catalanizar su negocio. Dicen que el doblaje al catalán les arruinaría, como si eso fuera una excusa. ¿Se imaginan a san Ignacio de Loyola arguyendo que cristianizar la China iba a ser la ruina? Ya se sabe que salvar una patria siempre cuesta dinero. ¡Sobre todo cuando se tiene en contra a la población!
En los últimos 30 años, nuestros misioneros políticos han gastado cientos de miles de millones de euros (ajenos, por suerte) para obligar a los catalanes a que sean catalanes. Ya se ve que la cosa no va como la seda. Por eso suenan voces en el Gobierno catalán que estudian una alternativa audaz: emigrar a Zaragoza. Según expertos profesores de la Universitat Autònoma, los aragoneses están deseando ser catalanes y la capital de Catalunya quedaría preciosa junto a la Pilarica. ¡Les deseamos de todo corazón un gran éxito!
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