viernes, 26 de marzo de 2010

Progresa adecuadamente. (26)


Cuenta Marita Rodríguez en la primera del número de septiembre del boletín de la Asociación por la Tolerancia la historia de una canallada. La historia es sencilla. Una familia castellanohablante del Baix Llobregat tiene a sus dos hijos, de 10 y 5 años, escolarizados en el colegio público El Barrufet, de Sant Boi. Como es habitual en este predio nacionalista llamado Cataluña, los niños reciben toda la enseñanza en catalán. El problema es que ambas criaturas son sordomudas. Y que la mejor forma de que puedan expresarse verbalmente -la única, en realidad- es que sean educadas, en casa y en la escuela, en una misma lengua, que no puede ser otra que la materna. Por otra parte, la Generalitat dispone para estas coyunturas de un servicio asistencial. Se llama CREDAC y cuenta con unos especialistas, los logopedas. Estos logopedas asisten a los niños en la escuela unas cuatro horas por semana. Y los asisten en catalán. Es decir, en el caso que nos ocupa, no los asisten en absoluto.

Como pueden figurarse, los padres de las criaturas han hecho todo cuanto han podido para que sus hijos fueran escolarizados y asistidos en castellano. Y tanto han hecho que, según la madre, a la que se ha concedido la invalidez permanente debido a su estado de ansiedad, la Administración ha llegado incluso a amenazarles con retirarles la patria potestad de sus hijos si seguían con sus reclamaciones. Pero, además, y por si no bastara con lo anterior, el centro educativo, en consonancia con los criterios emanados del Departamento y con el noble empeño, sin duda, de aligerarle al mayor de los hijos su carga educativa, ha tachado de su lista de libros de texto -la misma que se entrega a los demás alumnos de la clase- el correspondiente a Lengua Castellana. Por supuesto. La verdad es que están en todo: sólo faltaría que encima el niño tuviera que aprender dos idiomas.

Tanta sinrazón no merecería más que la burla o el desprecio si no fuera porque está en juego el futuro de dos criaturas -por no hablar del presente de toda una familia- y porque el causante de estos atropellos no es otro que el Departamento de Educación, empeñado en situarse al margen de la ley y de todo sentido común. En efecto, de no cambiar su situación escolar, esos niños se verán reducidos a expresarse mediante la lengua de signos. Y no sólo eso: incluso en esas circunstancias pueden encontrarse de nuevo con el mismo problema, o con uno parecido, en sus tratos con la Administración autonómica. Como ustedes tal vez recuerden, hace un par de semanas el Consejo de Ministros aprobó un anteproyecto de ley por el que se reconoce legalmente la lengua de signos y el derecho a su aprendizaje y uso en todos los ámbitos de la vida pública. Se calcula que cerca de un millón de sordos y sus respectivas familias podrán beneficiarse de ello, lo cual constituye, sin duda, una excelente noticia.

Pero resulta que este reconocimiento oficial lleva asociada una precisión. No existe un lenguaje de signos universal, un sistema unificado, sino que cada comunidad lingüística ha desarrollado uno propio. Para entendernos: un sordo francés y un sordo japonés a duras penas lograrían comunicarse. De ahí que el anteproyecto ministerial prevea el reconocimiento de «la lengua de signos en castellano y en catalán». Sí, porque hay una lengua de signos para el castellano y otra para el catalán. Y no la hay, en cambio, ni para el gallego, ni para el vascuence. O el anteproyecto, cuando menos, nada dice al respecto.

No vayan a creer, sin embargo, que entre la lengua de signos en castellano y la lengua de signos catalán existan muchas diferencias. Según los expertos, lo que separa a ambos sistemas es bastante parecido a lo que separa el castellano hablado del catalán hablado. Poca cosa, pues. A lo sumo, una cuestión de acento. Nada que dificulte, en definitiva, la mutua comprensión. Pero, claro, no es lo mismo un adulto que un niño. Para un niño en edad escolar, este acento, aunque sea el del gesto, puede representar un idioma nuevo. Sobre todo si se le obliga cargar con él y llevarlo a cuestas durante todo el período de aprendizaje.

jueves, 25 de marzo de 2010

Progresa adecuadamente. (25)


Si el catalán va a convertirse en una lengua oficial española, también van a convertirse en oficiales el vasco y el gallego. Y el árabe. Y el hebreo. Y las lenguas eslavas. Y cuantas lenguas sean habladas hoy en España. Al igual que con las religiones, cuya enseñanza requiere un mínimo de 10 alumnos por profesor, lo único que quedará por fijar es el número de hablantes a partir del cual un determinado idioma deberá ser considerado oficial. Porque supongo que tanto Maragall como Rodríguez Zaptero habrán caído en la cuenta de que eso de la lengua es como lo de la religión. Que lo que vale para una vale para la otra. O se aplica un criterio histórico y no hay más lengua oficial que la española y más religión que la católica, o se abre la veda, se deja uno de criterios históricos, territoriales y colectivos, y se pone a calcular a cuantas lenguas salen cuarenta millones de españoles con derecho de ciudadanía. ¡Ah!, y ya pueden irse olvidando de que la Constitución cite las lengaus por su nombre. Con tanto flujo migratorio, a este paso habría que ir reformando la Carta Magna cada legislatura. ¡Qué digo, cada legislatura! ¡cada año! ¡Quia!

Progresa adecuadamente. (24)


Es cierto que su predecesor, Josep Bargalló, y la predecesora de su predecesor, Carme-Laura Gil, ya le habían cerrado algún interrogante al decidir que su Departamento no aplicaría el decreto que prevé la enseñanza de cuatro horas semanales de lengua castellana. Pero aquello era sólo una parte -la más sensible, eso sí-, mientras que lo de ahora era el pastel entero.
El caso es que Marta Cid se ha salido con la suya. Al futuro Gobierno de España ya le parece bien que Cataluña tenga una enseñanza separada. Y tampoco parece preocuparle demasiado que Cataluña tenga una selección de hockey sobre patines separada. ¿Será eso el separatismo? Lo ignoro, francamente, pero no creo que esté de más recordar que todo empezó con una paz separada. Y ya saben: aquí paz, y después gloria.

Progresa adecuadamente. (23)


¿Cómo es posible, en fin, que una Administración con semejante currículo -huelga decir que el asunto que nos ocupa no es ningún borrón ocasional, sino un fragmento pequeñísimo de una mancha enorme-, cómo es posible, decía, que una Administración así pueda alardear, encima, de su política educativa? Pues exactamente por la misma razón por la que Carme-Laura Gil, consejera del ramo, cuando le preguntan qué opina de la introducción del castellano en Cataluña antes de los 6 años, responde con estas palabras: "En Cataluña impediría la inmersión. Pero a esa edad seguiremos haciendo lo que hacemos y los niños cantarán el Sol, solet y el Campana, sobre campana, que también lo cantan, y ya está". Poque la táctica de la Admnistración autonómica es esta: hacer lo que le da la gana, diga lo que diga la ley, "y ya está". Y si, tras la intervención de la justicia, debidamente obstaculizada por los recursos que pueden interponerse ante los tribunales, hay que echarse atrás, pues nada, a otra cosa, mariposa, y vuelta a empezar.

martes, 23 de marzo de 2010

Progresa adecuadamente. (22)


Aunque sólo sea para tratar de comprender los enrevesados mecanismos por los que se rige este gran islote llamado Cataluña, cabría preguntarse por qué el Departamento de Enseñanza de la Generalitat no ha tenido a bien, una vez más, cumplir la ley. ¿Quizá por dinero, para contener el presupuesto y fomentar de paso el ahorro? No hay duda que 6000 catedráticos gastan mucho más que 2200, pero lo mismo ocurre con los altos cargos y sus asesores -que puede que no abunden tanto, pero cobran muchísimo más-, y en este apartado, en cambio, no parece que haya habido excesiva contención. Y, ciñéndonos a lo que son las competencias del propio Departamento, si había dinero para subvencioanr de por vida ocho escuelas de élite leales al espíritu fundacional del país, también lo habría, supongo, para pagar la diferencia de sueldo a 3.800 leales funcionarios. (Observe el lector que hay lealtades y lealtades: las primeras, por ejemplo, tienen que ver con destacados miembros de la familia; las segundas, con algunos servidores del Estado.)

lunes, 22 de marzo de 2010

Progresa adecuadamente. (21)


Seguimos con más retazos de "Progresa adecuadamente", el libro de Xavier Pericay.


Mi padre murió hará diecisiete años. Mucho antes de su fallecimiento, yo ya había emepezado a mudar de identidad, sin renunciar por ello a mi feliz condición de hijo de catedrático. Y así hasta la fecha de hoy, en que, a mi orfandad natural, me veo forzado a añadir por decreto un nuevo vacío. Resulta que en los institutos de Enseñanza Secundaria y Bachillerato ya no hay catedráticos. Y aquí no acaba todo: para mi desesperación, resulta que esto es así desde hace más de dos lustros. Al parecer, los rsponsables de diseñar la política educativa, tan renuentes siempre a conservar lo heredado y a tratar de mejorarlo, se dijeron un buen día, henchidos de un ánimo revolucionario: "Vamos a reformar de una vez por todas la enseñanza y a demostrar que aquí todos somos iguales". Dicho y hecho: con la inestimable colaboración de algunos sindicatos mayoritarios, estos insignes pedagogos pusieron en marcha la reforma educativa y decidieron que el futuro de la escuela pública estaba en la implantación de medidas que nivelaran al alumnado y al profesorado -que lo nivelaran por abajo se entiende-. De cómo los alumnos han ido perdiendo nivel hasta llegar a ras de suelo, de ha hablado largo y tendido, y me temo que aún vamos a seguir haciéndolo. En cambio, de la caída en picado del profesorado y de su conversión en mera comparsa del sistema sin éstímulo profesional alguno, se ha hablado por desgracia muchísimo menos.

Progresa adecuadamente. (20)


Pero la realidad es muy terca. Y enseña desde hace tiempo que allí donde conviven dos lenguas, si tanto se parecen entre sí, la grande se acaba comiendo a la pequeña. Y entonces ya no hay cirujano capaz de separarlas.

Progresa adecuadamente. (19)


El dilema no lo resolví hasta mucho más tarde, hasta el día en que un librero de lance puso en mis manos, a cambio de algún dinero, un ejemplar de "Humor honesto y vago", el libro de Josep Pla que Ediciones Destino había publicado en 1492. Uno de los artículos en él recogidos -son todos excepcionales, de lo mejor que escribió el autor del "Calendario sin fechas"- lleva por título "Las escuelas", y aparece justo al primcipio del volumen, en una posición nada arbitraria, entre "Las criatuars" -el que abre el libro- y "La juventud". Pues bien, en "Las escuelas" Pla sostiene -y aporta numerosas pruebas para sostener lo que sostiene- que el origen de estos centros pedagógicos no guarda relación alguna con el afán de conocimiento ni con la voluntad de transmitir este conocimiento a los demás. Según él, el móvil que lleva a los padres a "encerrar a sus hijos, intermitentemente, en lugares remotos, seguros y de escamoteo difícil" es "el descubrimiento de que los seres humanos se arman en proporción a la lejanía en que viven". Vaya, que el móvil es el amor y su imprescindible salvaguarda. La instrucción como forma de entretenimiento no surge sino más tarde, cuando se amplían horarios, calendarios y estudios, se crea la figura del número y, para justificar su existencia, se le atribuye el cuidado de los niños.

Progresa adecuadamente. (18)


En fin, ya ven que la memoria no permite abrigar muchas dudas sobre la bondad de la medida que piensa adoptar el Ministerio en aplicación de la LOCE. Cuando menos, sobre su bondad en el pasado, que también podría ser que lo que funcionó en otro tiempo sea del todo impracticable en este, y que, como reza la frase, más valga malo conocido que bueno por conocer. Yo, por si acaso, con el noble fin de tratar de encontrarle al método vigente las virtudes que tanto ponderan sus defensores, he desempolvado uno de los informes escolares de mi hija de 15 años, el correspondiente al primer trimestre de tercero de Primaria (curso 1995-1996). Dice así: "Lengua Catalana: progresa adecuadamente; Lengua Castellana: progresa adecuadamente; Lengua Extranjera: progresa adecuadamente; Matemáticas: progresa adecuadamente; Conocimiento del Medio Social: progresa adecuadamente; Educación Artística (Plástica): progresa adecuadamente; Educación Artística (Música): progresa adecuadamente; Educación Física: progresa adecuadamente". ¡Qué placer! ¡Qué sosiego! ¿Se imaginan ahora el mismo boletín lleno de matices, con bienes, suficientes, notables y tal vez algún sobresaliente? ¿Qué angustia no? Todo o casi todo mejorable, perfectible. Pobre criatura. ¿Adónde habría ido a parar su autoestima?

domingo, 21 de marzo de 2010

Progresa adecuadamente. (17)


Cuando yo iba a la escuela, el país llevaba ya unos cuantos años de paz y de dictadura. Eran, pues, tiempos puros y duros, de esos que ahora huelen a naftalina. Si mal no recuerdo, en aquella época las notas empezaban con el primer curso de Primaria y uno no se las quitaba de encima hasta que terminaba los estudios superiores. Es posible que hubiera por ahí algún chico estigmatizado por haber sido víctima de un sistema de evaluación tan salvaje, pero yo, la verdad, por mucho que me esfuerzo, no consigo dar con ningún caso que pueda servir de ejemplo. Por otra parte, eso de las notas no parecía privativo de los regímenes dictatoriales, puesto que en Francia, sin ir más lejos, la costumbre de puntuar existía ya en el parvulario. Y en cuanto a la autoestima, qué quieren que les diga, quien más, quien menos todos teníamos la nuestra, y a nadie se le ocurría preguntarse si estaba determinada o predeterminada. Bien es cierto que esta falta de reflejos mentales podía deberse a que la psicología y la pedagogía eran entonces enfermedades muy localizadas, por lo que sus estragos, comparados con los de hoy en día, resultaban sumamente benignos.

sábado, 20 de marzo de 2010

Progresa adecuadamente. (16)


Si no hay marcha atrás en el propósito, todas las escuelas de Cataluña deberán enseñar a los niños de primaria, a partir del próximo curso, el himno nacional. Todos los políticos, historiadores y demás ciudadanos consultados han expresado, salvo alguna excepción, su conformidad con la iniciativa. Hasta parece haber consenso en que una cosa es enseñar "Els Segadors" y otra obligar a cantarlo. Naturalmente. Pero, a menos que todas las escuelas del país se hayan convertido en centros de educación especial -lo que, si bien se mira, puede que no esté tan alejado de la realidad-, ya me dirán cómo se aprende una canción sin probar de cantarla ni que sea una vez. Otra cosa es que a los pobres críos les cueste. Pero, lo que es cantar, cantarán. Y, mientras, los demás seguiremos asistiendo al cierre de isntitutos por falta de demanda, al crecimiento sostenido del porcentaje de bajas entre el profesorado, a una nueva impugnación del concurso de méritos para obtener la condición de catedrático, al alarmante nivel de conocimientos de los jóvenes y, en fin, al imparable derrumbe del sistema público de enseñanza. Aunque, eso sí, siempre nos quedará el consuelo de sumarnos al coro y cantar, ni que sea desafinando, el himno nacional.

Progresa adecuadamente. (15)


Y quien dice los niños y las niñas, dice las organizaciones sindicales, que, a juzgar por sus actos, no van mucho más allá de la criatura traviesa y consentida. Hace apenas un par de meses, el Departamento de Enseñanza de la Generalitat descubrió que el número de horas de lengua y matemáticas que los adolescentes catalanes reciben en Secundaria no cubre en absoluto sus necesidades formativas. Y que el tiempo que pierden solazándose con estos créditos en los que se supone que aprenden bailes de salón, cocina o jardinería estaría mucho mejor empleado en menesteres más comunes -que es como llaman en los institutos a las asignaturas que en la universidad reciben el nombre de "troncales", a las que no se nadan por las ramas-. El Departamento no sólo lo descubrió, también lo va a imponer, con gran pesar para todos aquellos sindicatos cuyos enseñantes habían hallado en el movimiento del cuerpo o en el trato directo con los productos de la tierra su vocación tardía.