sábado, 29 de diciembre de 2012
sábado, 10 de noviembre de 2012
El drama del nacionalismo
En aras del egoísmo se sacrificó el amor a la patria y se fomentó una política anti-española, no como resultante de un odio, pero sí de un cálculo. Pero este discurso calculado y demagógico llevó finalmente al odio. Y no hay peor odio que el que no se puede objetivar y racionalizar. Éste es el drama del nacionalismo actual: que sabe que odia, pero no sabe por qué odia.
Historias ocultadas del nacionalismo catalán, JAVIER BARRAYCOA
Historias ocultadas del nacionalismo catalán, JAVIER BARRAYCOA
miércoles, 7 de noviembre de 2012
jueves, 1 de noviembre de 2012
Embajada española en Barcelona
"Me veo como español en la tierra que nací gracias al pasaporte que me expendirá la futura embajada española en Barcelona".
ALBERT BOADELLA
ALBERT BOADELLA
martes, 16 de octubre de 2012
California is not Spain
"Nadie en EEUU podría aceptar que hubiese una representación de Califrornia en Madrid aparte de la embajada".
Jorge de Esteban, catedrático de Derecho Constitucional.
Jorge de Esteban, catedrático de Derecho Constitucional.
lunes, 15 de octubre de 2012
Descreídos
Ser descreído y tener interés por la ciencia suele resentir cualquier veleidad metafísica. Por lo menos a algunos. Para nosotros no creer en dioses, horóscopos o pulseras magnéticas nos inclina a no creer tampoco en mitos fundacionales, esencias ni unidades de destino en lo universal. La metafísica, el esencialismo más ubicuo en Cataluña es el de esa "identidad" inmutable y unidimensional que no nos exigen quienes, como los sacerdotes de todas las religiones, viven de ella. Y como el nacionalismo es la única verdad transversal de esta tierra y el pesebre más agradecido, casi nadie nos recibe.
Citileaks, los españolistas de la plaza real. MARIA TERESA GIMÉNEZ BARBAT
Citileaks, los españolistas de la plaza real. MARIA TERESA GIMÉNEZ BARBAT
miércoles, 10 de octubre de 2012
Pasarse a la tribu
Citileaks, MARIA TERESA GIMÉNEZ BARBAT
lunes, 8 de octubre de 2012
Porque no sé catalán
El otro día entrevistaban en la radio más escuchada de Cataluña, RAC1, a la cantautora malagueña Anni B Sweet. Una joven que empezó a estudiar arquitectura en Madrid aunque su intención era hacerlo en Barcelona, cuando el locutor le preguntó la razón de no haber venido a la ciudad condal a estudiar, la respuesta fue tan escueta como rotunda: "Porque no sé catalán". El locutor se quedó a cuadros, balbuceó una salida sin sentido y cambió de tema rápidamente. Y mientras seguimos sin recibir a los mejores estudiantes en Catañuña, poque aunque tenemos dos lenguas hay una que es imprescindible.
domingo, 7 de octubre de 2012
Superioridad cultural
Y así estábamos. Llevábamos tiempo hablando de la irritante situación de Cataluña y su nacionalismo asfixiante. Distinta, desde luego, de la sufrida en el País Vasco. En Cataluña es todo más sutil. A diferencia del nacionalismo vasco, de corte sabiniano más expreso, el nacionalismo catalán sólo en la intimidad más vergonzante puede exhibir como razón el que tengamos una naturaleza propia que aguan los charnegos. En nuestro caso, la famosa "diferencia" la fundamentamos en la superioridad cultural (el catalán nacionalista cree firmemente que aún existen "Las Hurdes") y en la lengua.
Citileaks: los españolistas de la plaza real, Mª TERESA GIMÉNEZ BARBAT
Citileaks: los españolistas de la plaza real, Mª TERESA GIMÉNEZ BARBAT
jueves, 4 de octubre de 2012
Tierra de genocidas
Yo soy una catalana hablante y leyente que no puede sostener un periódico en catalán porque encuentra abominable que le hablen de España como una tierra de genocidas. Que den por sentado que, por leer en catalán, tengo el cerebro licuado por el nacionalismo me aleja de la literatura actual en lengua catalana. Politizando la lengua han acabado con cualquier lector que no haga lo mismo.
Citileaks: los españolistas de la plaza real. MARIA TERESA GIMÉNEZ BARBAT
Citileaks: los españolistas de la plaza real. MARIA TERESA GIMÉNEZ BARBAT
domingo, 30 de septiembre de 2012
Cultura española
La opinión de Albert Boadella en su blog.
Hace algunos años Jordi Pujol se pavoneaba sobre la poca influencia de Cervantes en su formación literaria y por el contrario citaba el influjo de algunos escritores catalanes. Cada cual puede determinar aquellas cosas que cree que han sido decisivas en su vida por el ascendente ejercido en la infancia o la juventud pero la afirmación de mí querido UBU no es baladí. En este personaje las intenciones acostumbran a ser recurrentes y hay que buscar el objetivo siempre en el mismo lugar. Esta vez se trataba de mostrar que la cultura española es distinta de la catalana. Cuando uno se pone a pensar en las diferencias objetivas para establecer una afirmación en este sentido no encuentra por ninguna parte nada sustancial al margen de una lengua que parece dialecto de la otra o viceversa. Una cultura es algo más que un conjunto de coros y danzas regionales, torres humanas o caganers. La cultura catalana solo existe si admitimos la enorme trasfusión de toda la península y aceptamos que el flamenco, la zarzuela o los toros, también forman parte de nuestro paisaje cultural. En resumen, es cultura catalana por ser española.
Ello viene a cuento porque el periódico ABC me pide unas breves reflexiones sobre lo que une a los españoles. Tenemos infinidad de rasgos, y entre ellos, la habilidad con que nos movemos todos en el caos ya sea social o simplemente en un bar de tapas, pero finalmente, he optado por algo que conozco gremialmente como es el arte.
Sin lugar a dudas, el arte es uno de los factores que mejor establecen nuestra pertenencia a una cultura española. Este país no posee culturas regionales en el sentido amplio con que nos referimos al término. Es evidente, que el llamado arte y cultura española se beneficia de unas variantes que tienen su raíz en las formas literarias producidas por las distintas lenguas o el simple folklore de sus territorios. Sin embargo, a menudo tales ramificaciones tienden a confundirnos sobre el sentido específico, global y al mismo tiempo heterogéneo que puede significar una cultura autóctona. La fusión de una larga historia común produce en el terreno de las artes la existencia de una profunda idiosincrasia cultural que acaba formando parte del patrimonio de todos. Encontramos unas artes realizadas por castellanos, catalanes, extremeños, vascos o andaluces pero cuyas herencias y formas de expresión se engloban dentro de un conjunto de cierta homogeneidad, el cual, frente a la mirada externa, es catalogado como español.
El pintor Velázquez nos representa a los ciudadanos de esta nación de la misma manera que el malagueño Picasso o las zarzuelas del catalán Amadeo Vives, y a nadie se le ocurre reivindicar su pintura o su música como propia exclusivamente de la región en la que nacieron. Ciertamente, existe un teatro en catalán o en vasco pero su estructura narrativa no difiere para nada del teatro en español como no sean algunas piezas muy concretas ligadas al folklore tradicional. Si traducimos la obra al castellano desaparece el origen territorial (y lo afirmo por la experiencia de muchos espectáculos)
En definitiva, afirmar que Cervantes no es un referente para la totalidad de los ciudadanos españoles, es tan disparatado como negar nuestra pertenencia a la cultura cristiana por el simple hecho de no creer en Dios.
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