lunes, 30 de noviembre de 2009

Esa peculiar forma de gobierno


La opinión de Ángel Sánchez Ponce

Después de un prolongado silencio, el Gobierno alberga fundadas dudas sobre la constitucionalidad de ciertos aspectos de la Ley de Educación de Cataluña (LEC). No es que pretenda presentar recurso de inconstitucionalidad, no, que para ponerse a mal con el nacionalismo ya está el PP (amén de la inconveniencia de irritar al tripartito), sino que, más bien, su deseo es abrir una serie de encuentros con la Generalitat en los que cada parte explique su postura, mediante escenificación, para luego aplicar lo que quiere el Gobierno regional, y mantener así, el estatus de ‘Gobierno amigo’ del catalanismo que tantos réditos políticos le ha comportado. Y no es que esto lo diga yo, es el mismísimo consejero de Educación de la Generalitat, señor Maragall, quien lo explica al afirmar que el Gobierno Central tiene la “firme voluntad” de no presentar recurso de inconstitucionalidad a la LEC. El socarrón Maragall se permite el lujo, además, de ironizar sobre la lentitud del TC (que tan bien le ha ido al Gobierno al que pertenece, por cierto) para dictaminar sentencias y, en alusión directa al recurso presentado por el PP, manifestar, con toda la sorna de que es capaz que "cuando el Constitucional dictamine la sentencia, la educación catalana ya habrá cambiado". Así de fácil es, para algunos, saltarse la ley en España y, en eso, el Govern es tremendamente experto.

A pesar de la teatralidad con la que se quieren envolver los contactos, no deja de ser una bajada de pantalones y un sapo difícil de tragar para ciertos sectores de la izquierda española (los más críticos con la ‘nueva izquierda’, por decirlo con palabras de Leguina, y algunos más), que ven, con incipiente hastío, cómo sus socios catalanes generan una disputa más a añadir a la lista, ya excesivamente larga: la temeridad de la que hicieron gala al reformar el Estatuto, el quasi cisma -finalmente abortado- entre socialistas andaluces y catalanes por la financiación autonómica, las estrafalarias amenazas de desacato a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, las continuas advertencias sobre el voto rebelde en el Congreso y la independencia del PSC respecto del PSOE y la vulneración, una vez más, de la Carta Magna por parte de la LEC, son una breve muestra de ello.

Sin embargo, a quien más afecta e incomoda esta peculiar forma de gobierno, generación un problema donde no lo hay y resolución chapucera, es a la sociedad catalana. Es notable la predisposición del tripartito a abrir conflictos entre catalanes y entre catalanes y el resto de españoles, perdonarán, pues, ustedes que copie a Fernando del Pulgar y afirme que “no hay más tripartito, si no más conflictos habría”; causa esa, sin duda, de la creciente abstención en las distintas consultas electorales que se han sucedido últimamente en Cataluña. ¡Y luego, como las falsas plañideras, se rasgan las vestiduras!

viernes, 27 de noviembre de 2009

El sujeto sin resquicios


Arcadi Espada en El Mundo


Sigue sobresaltándome el ver a Cataluña convertido en sujeto sin resquicios. «Cataluña pone ya en marcha….» decía ayer este periódico. Durante muchos años una escasa y reculante razón local trató, sin éxito, de denunciar la sinécdoque. Esto es, que la parte nacionalista no se apoderara del todo catalán. Los socialistas se apuntaron con frecuencia a la denuncia y hay cientos de ejemplos en los antiguos diarios de líderes socialistas que acusaban a Jordi Pujol de usurpación y de abuso de Catalunya. Este, por ejemplo, del 2003, y no de nadie. Pasqual Maragall: «Mucho tiempo, demasiado tiempo, en Cataluña se han confundido persona y partido, partido y patria. Incluso se ha pretendido traspasar esta confusión como si fuera una herencia patrimonial. Yo no soy Cataluña más que en una parte infinitesimal.”

Un ejercicio sarcástico, aunque elemental, es cambiar el apellido Pujol por Montilla: las palabras de los líderes socialistas de entonces adquieren así una instructiva proyección en el tiempo. Pero sólo se trata de estériles ejercicios melancólicos. La realidad es que la sinécdoque ha dejado de existir. Cuando los periódicos y Montilla utilizan el sujeto sin resquicio se atienen a la verdad. Ya no hay nada, ni nadie fuera. O sólo escurriajas, que es la forma charnega de decir escurrajas por el efecto simpático del catalán escorrialles: desecho, desperdicio, borra. Lo más interesante de esta adhesión socialista al nacionalismo, que ha acabado por abotonar al sujeto, se ha producido en una época de “avance nacional”, como ya le gusta decir ahora al propio Montilla. Es decir, no porque el autogobierno de Cataluña hubiese disminuido abruptamente; no porque se atentase contra algunas posiciones básicas de los socialistas respecto al Estado de las Autonomías. Nada de eso: los socialistas no han plantado cara en defensa de nada: sólo se han subido al pescante: ellos, al fin, son también Catalunya.

La última noticia es que no sólo ellos. Aún no lo registran explícitamente los periódicos, que son la última aduana, pero el Partido Popular ya está llamando con esperanza a la puerta. Esto no es una impresión poética, sino la decantación estricta de la realidad. Valga para demostrarla la solemne ceremonia de constitución del nuevo Consejo de Garantías Estatutarias, que contó anteayer con la presencia activa del presidente de la Generalitat. El recurso de inconstitucionalidad que el Partido Popular presentó contra el Estatuto incluye ese Consejo. Pero entre los miembros fundacionales estaba ayer el de un magistrado propuesto por el PP. Se supone que estaba por algo más que para trabajar por la disolución inminente del Consejo. Desde luego. Estaba para no verse de resquicio de la mancebía.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El castellano, en la intimidad


Arcadi Espada en El Mundo.


Si España fuera un país con algo más de grosor el entonces presidente Aznar jamás habría dicho en aquella ocasión memorable que hablaba el catalán en la intimidad. “Catalán” e “intimidad”, juntos, traen mal recuerdos. Cuando el general Alvarez Arenas entró en la ciudad escribió en sus muros: «Estad seguros, catalanes, de que vuestro lenguaje, en el uso privado y familiar, no será perseguido.» Y el voluptuoso Galinsoga, director de La Vanguardia Española, remató pocas semanas después: «Quédense para la recóndita intimidad los coqueteos lingüísticos, la expansión más o menos romántica o más o menos reticente de otras lenguas.»
Mentar la lengua y la intimidad en Cataluña es como mentar la soga donde el ahorcado. Pero nadie quiso recordar entonces, fuera de algunas ironías de medio pelo: eran los tiempos del Majestic.

La intimidad vuelve a asociarse con la lengua en Cataluña. Lenta, esforzadamente, pero sin tregua, el nacionalismo trata que el castellano abandone el espacio público de Cataluña. Desde hace tiempo la policía lingüística sanciona a los comercios extravagantes. Ayer el Consejo Audiovisual de Cataluña, el llamado CAC con todas las letras, obligaba a cuotas lingüísticas a las emisoras privadas. Y hoy es el Ayuntamiento de Barcelona el que estrena un manual de usos lingüísticos que expulsa a la lengua castellana de la urbanidad. Más bien sanciona su expulsión, porque el hecho en sí es antiguo. Baste el enternecedor ejemplo de lo que hacen con los niños cuando llegan los Juegos Florales: en los colegios de cada distrito les dejan escribir en castellano y en catalán sus composiciones; pero cuando la noble justa llega a la ciudad sólo pueden competir los catalanes. Y es que como hay lenguas hay lenguados.

La decisión municipal no se limita a la expulsión pura y simple de la lengua. Eso habría sido botín de conquista, galinsoga. El mundo progresa, y básicamente gracias a la socialdemocracia. El municipio se limita a disponer todo, absolutamente todo, en catalán. A la vista, relucientes y limpios, ahí están: impresos, sellos de goma, matasellos. En la trastienda, sin embargo, hay de lo mismo en castellano. Existe, desde luego. Pero no a la vista. ¡Está mal visto! Hay que reclamarlo. Esta es la imagen que conviene retener. Este momento de inclinación. La violencia (simbólica, ep!, ¡somos semióticos y socialdemócratas!) del que suministra un poco de metadona para la adicción españolista.

La íntima y alucinatoria violencia por la que pasa el que debe rogar al Estado que le hable y le escriba en la lengua oficial del Estado.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Listas herméticas


Jorge M. Reverte en El Periódico de Catalunya.


¿Listas abiertas? Se ha abierto el melón. Al menos hay cierta polémica sobre las fórmulas de representación política en nuestro país. Y sobre la actuación y las normas por las que se rigen los partidos políticos, base del sistema. Aunque no sabemos hasta cuándo van a permitir los políticos que haya esta polémica.
Una de las cuestiones esenciales es justo la de las listas abiertas, es decir, las presentadas a los electores para que elijan no solo el partido al que le dan su confianza, sino también en qué personas lo hacen. El presidente de la Generalitat, José Montilla, se mostró ayer contrario al sistema porque –según él– ha fracasado en otros lugares de Europa y porque muchas veces se elige al candidato que representa a un lobi poderoso o al más mediático.
En España hubo experiencia de ello. Durante la Segunda República, el político más votado en Madrid lo fue por ese sistema. Se llamaba Julián Besteiro y sacó más votos que su partido, y muchos más que sus contrincantes. No fue una mala elección. Era un profesor de Filosofía que no ejercía el populismo ni representaba a ningún lobi poderoso.
En todo caso, ¿qué alternativa hay? Pues la que hay, o sea, lo que tenemos ahora. Un sistema de listas que más que cerrado parece hermético. Los ciudadanos suelen conocer solo al primero y, a veces, al segundo de la lista (segunda, perdón, que la paridad lo exige). Y basta. Los partidos suelen colocar en esos lugares a los más mediáticos. Pero, de una manera sistemática, colocan a los representantes de un poderoso lobi, que es el propio partido. Ahí nadie puede tocar nada.
No se puede rechazar con el voto a personas que pueden tener un historial dudoso. Los partidos, hay que insistir en ello, se han convertido en sociedades herméticas, gobernadas por un lobi con sus propias leyes internas, sin ninguna transparencia y sin democracia interna (pese a que la Constitución les obliga a ello).
Entonces, ¿qué garantías superiores nos ofrecen los partidos para que los mejores sean los que figuran en las listas? Pues, para ser precisos, ninguna. Y resulta ofensivo escuchar a los dirigentes políticos cuando hablan de que escogerán a los mejores, como acaba de decir Rajoy. ¿Es más fiable el dedo de Rajoy o el de Zapatero que la voluntad de los electores? Yo, francamente, lo dudo. Con listas abiertas, los que estén en las listas tendrán que contarnos algo para tener nuestro voto.
Los diputados socialistas que traicionaron al partido de Madrid fueron en las listas por una negociación de lobis, por un chalaneo de apoyos. Y luego, pasó lo que pasó.
Lo lamento, pero me parece que la primera incursión del presidente José Montilla en el asunto ha sido muy negativa.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Contra Catalunya. (y 50)

Con este post acabamos la serie dedicada a "Contra Catalunya", el libro que escribió en 1997, Arcadi Espada.




Per acabar d´un cop per tots amb el pujolisme, aquesta acultura, aquesta aridesa contínuament enmascarada amb la declamació, l´esquerra no necessita només guanyar unes eleccions. Necessita dir alguna cosa nítida: ja n´hi ha prou. O sigui, desplaçar el nacionalisme del centre del debat polític i cultural de Catalunya. O sigui, anunciar a la golosa proximitat ritual del tercer mil-leni que els problemes veritablement importants dels catalans ja no depenen del plet entre Catalunya i Espanya, que el plet s´ha acabat. Si més no que s´ha acabat pels pròxims cinquanta anys. Es tracta d´una precisió merament personal: és que aspiro a viure´ls.
El català avui existent arrossega, com el cotxe dels casats de nou, un rast de llaunes. Pertot on va l´acompanya aquesta murga. Qualsevol moviment que fa, aquesta murga el jutja. D´aquesta manera, el català avui existent ha optat per quedar-se quiet. Els esperits gregaris, per no molestar. Els esperits sensibles, per evitar el mareig. El català avui existent té la seva metàfora i el seu símbol -i el museu d´història nacional treballa per incorporar-los aviat a una de les sales- en aquesta col-lecció de mims que s´aposten immòbils, a tota hora, a la rambla de la meva ciutat. L´única ambició que tenen és que no es noti que respiren. És un treball dur. Entumeix. El pitjor que té és potser aquesta vellesa prematura que presagia. O les mofes dels nens, llibertins incapaços d´apreciar l´esforç i la subtilesa de la posa. En recompensa al seu virtuosisme, els que passegen els tiren monedes. Encara sort que el negoci va francament bé.

Contra Catalunya. (49)


Les sales del Museu d´Història de Catalunya han estat organitzades des d´aquesta concepció del present i el resumeixen amb una concisió i una transparència molt estimables. A la iconografia exposada no hi ha grans aspreses retòriques. No és un museu que pugui ofendre ningú, ni tan sols investigant-ne les seves zones nacionalment més erógenes. Té un discurs d´una lleugeresa ingènua en moltes de les fases. Una mostra quasi contínua, en fi, de la pròpia irrellevància. Amb tot, a la porta de sortida hi espera una pregunta objectiva, una pregunta que tothom pot fer-se per poc que eviti l´enlluernament patriòtic: ¿Com és possible que un país habitat per gent tan lúcida, com cal, noble i valerosa, que ha presentat una superioritat tan manifesta respecte dels seus veïns propers, com és possible, sent tan innocent i sembrat com està de raó i de bon gust, que aquest país de museu hagi perdut totes les batalles decisives de la Història? Aquesta pregunta, des del nacionalisme no té resposta possible. Qualsevol temptativa de resposta hauria d´admetre en algun moment com a mínim dues hipòtesis: que els catalans implicats des de l´origen dels temps a la construcció de la raó nacionalista i del seu espai físic i moral van cometre errors, errors propis, imputables a la seva ingenuïtat, a la falta de preparació cultural, política, econòmica, a la debilitat intel-lectual o fàctica de molts projectes seus, i també s´hauria d´admetre una segona hipòtesi: que potser per molts catalans -presents a la terra ja fos durant el regnat de Felip V o bé durant la dictadura de Franco- algunes derrotes no van ser tals. Però el nacionalisme català, si més no aquest nacionalisme l´apoteòsica construcció del qual m´ha tocat viure, no pot admetre´n cap, d´aquestes dues hipòtesis, sense posar en perill la pròpia supervivència. A la història que presenta el museu -és a dir a la història oficial de Catalunya- no hi ha ni tan sols allò que tota nació ha de ser capaç d´ensenyar als seus fills: reis dolents o hechizados o corruptes, negres llegendes de crueltat o d´incompetència, fellons traïdors embastats a les costures de la pàtria. El malvat oficial de Catalunya es diu Antonio López y López. És l´únic dels múltiples negrers catalans que se senyala amb el dit: i és que va néixer a Comillas.

martes, 10 de noviembre de 2009

Contra Catalunya. (48)


A Catalunya es parlen i s´escriuen el català i el castellà. És el que està passsant ara i es l´única cosa que m´interessa. Tres milions tenen una llengua com a primera i tres més hi tenen l´altra. Ningú renunciarà a les seves herències. Els tres milions de castellanoparlants no exerceixen -per simplificar- el poder econòmic ni el polític ni el cultural. Però la seva llengua és molt més poderosa -en termes de mercat global- que l´altra. Els catalanoparlants no ho ignoren, però volen fer compatible la disposició del mercat amb la disposició dels sentiments. No és senzill. Sobretot perquè els catalanoparlants no podràn fer amb la llengua el que no han pogut fer amb l´economia o amb la política. És a dir, no podran exercir el poder amb tota plenitud: l´hauran de compartir. Aquesta és la creu, i potser també la delícia, del plet espanyol. Durant aquests últims quinze anys de domini nacionalista, Catalunya ha viscut en una situació culturalment anòmala. La cultura d´expressió castellana no ha comptat amb el suport públic. Ni els llibres, ni el teatre, ni el cinema, ni les revistes, ni els mitjans de comunicació. És clar que això no ha posat en perill ni remotament la llengua castellana a Catalunya. Amb les disposicions del mercat en té prou per viure sanament. Qui se n´ha ressentit, de tot això, ha estat el conjunt de la cultura catalana. La llengua castellana no perilla pel fet que un teatre públic català no hagi programat mai de la vida ni un clàssic castellà: no estaria en perill la llengua anglesa si no es programés Shakespeare. Tampoc és un perill per la castellana que molts estudiants estrangers evitin venir a les universitats catalanes per causa de les dificulatts lingüístiques suplementàries, reals o imaginades però d´efectes concloents. No fan perillar tampoc la llengua castellana els plans d´estudi que practiquen la discriminació positiva amb els escriptors catalans de manera que Narcís Oller pot esdevenir més important que Baroja a l´imagianri d´un escolar català. No perilla la llengua castellana perquè Barcelona hagi deixat de ser algú al mapa de la producció audiovisual espanyola. Els qui perillem som nosaltres, els catalans. I els qui més perillen, segons la sentència del temps, són els més febles. Aquest Nadal passat vaig anar a veure un espectacle per no oblidar: una representació de "La extraña pareja", la comèdia de Neil Simon que fa quasi tres anys que representen a Barcelona. L´inoblidable no va ser, per descomptat, l´exhibició basta i vulgaríssima que es produïa a l´escenari, sinó el que passava a la platea atapeída. Quan els actors introduïen als diàlegs en castellà alguna expressió catalana, el públic es feia un tip de riure. No es tracta d´una gran novetat. A la dictadura també passava. Aleshores la gent se´n reia, del català, perquè els semblava pagès. Avui riuen del que mana. Els sembla que es vengen en privat de qui mana. Però al que mana li rellisca per l´esquena de gel, aquest riure d´ingènua subversió. El que mana sap que aquest públic, en la seva llengua, només consumeix teatralment això: "La extraña pareja", aquesta degradació. Que vagin fent.
Jo crec, de tota manera, que aquest paissatge està a punt de canviar. Els símptomes de fatiga són múltiples i els perceben fins i tot alguns dirigents del nacionalisme. La llengua catalana no pot tenir una força manera natural. El fracàs polític de Catalunya -tal com l´entenen els nacionalistes- no es pot escamotejar amb una pírrica victòria lingüística. Valdria més que anéssim mirant on estem i quines forces reals tenim. Que comencéssim a pensar el que diem, després de tants anys pensant en quina llengua ho diem. Convindria que s´acabés aquest consens patriòtic que ha estirilitzat el pensament crític -el pensament- a Catalunya i que ha fet possible l´hegemonia d´una política absolutament desproveïda del principi de la realitat, reaccionària i vulgar. Convindria esquinçar d´un cop el vel de Maia estès pel brahamanisme catalanòfol. Convindria que alguns mots desapareguessin. Contra Catalunya, per exemple.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Contra Catalunya. (47)


I, en contra dels espirituals que senten a cada paraula l´alè diví, són també pura matèria: no es destrueixen, només es transformen. És una altra de les obvietats que convé anotar aquí. No n´hi ha prou amb la vida d´un home per fer-se càrrec de les grans mutacions lingüístiques, però sí per veure´n molts dels graons. Un home -l´home modern, com a mínim- no neix i es mor en la mateixa llengua. Aquesta és una dada que tampoc volen observar els apocalíptics sentimentals, els desesperats que anuncien pels fills dels seus fills un futur en què ja no és parlarà català o espanyol. La característica destacada de l´última novel-la d´Eduardo Mendoza és la reconstrucció lingüística de la postguerra barcelonesa, sobretot del seu fragment burgès. Jo encara he sentit parlar com alguns dels seus personatges a porters d´hotel, a tatas i a pijos. Però estic segur que una part d´aquest lèxic, d´aquesta formaltzació lingüística, ja no la puc reconèixer. De determinats girs, o bé no en puc distinguir completament les raons de la pertinència o bé només hi puc constatar la meva estranyesa. Potser el diccionari em pot resoldre dubtes semàntics, però difícilment em portarà l´eco del seu sentit profund, la complexa xarxa d´associacions que l´autor ha teixit, deliberadadment o no. És veritat que les meves dues àvies parlaven, aparentment, la mateixa llengua materna que jo, i que quan sento "aljofifa" o "pringuezorra" em recordo d´elles i em commoc. Però la meva llengua ja no és enterament la seva i no deixa de ser significatiu que les pugui recordar gràcies a aquest inexorable procés de destrucció lingüística. És cert: l´activació del record es produeix, justament gràcies a la destrucció i a l´oblit. Pel fet que jo en dic "bayeta", de "l´aljofifa", puc recordar l´àvia. Si algun dia els meus fills troben "aljofifa" i van al diccionari, amb el llibre no podran recuperar sinó el sentit inmediat de la paraula. No les farà reviure les besàvies. En canvi, és probable que amb "bayeta" -imaginem que ells ja en diuen "vileda"- sí que els aparegui en un extrem remot del temps l´ombra entranyable de les àvies. Com sempre, la destrucció funda: per un previ imperatiu ontològic els records només s´alimenten amb materials d´enderroc. La capacitat evocadora d´una llengua depèn de la seva capacitat per morir i nèixer constantment.
Una llengua, al capdavall, no és més que qui la parla. ¿Desapareixerà el català, despareixerà l´espanyol? Aquestes preguntes tenen la mateixa pertinència i la mateixa inutilitat que preguntar-se si les catalans i els espanyols desapareixeran. En un cas o en l áltre tot dependrà del mercat. Quan surti a compte deixar de parlar i escriure en català o en espanyol, així es farà. I pot arribar un moment en què potser ja no sortirà a compte dir-se català o espanyol. Així es farà també. Les llengues -o el nom actual que els hi donem- poden desaparèixer. Sembla més difícil, però, que desaparegui la cultura que han estat capaces d´expressar. Avui llegim Homer o Tàcit com si fossin contemporanis nostres. I les previsibles dificultats que tenim per comprendre´ls no vénen especialment de les llengues en què escrivien sinó de la nostra personal ignorància de la cosmovisió en què les seves obres es van generar. En tot cas, aquesta mena de preguntes -¿quant li queda al català per caure, quant durarà al castellà?- són merament recreatives si no s´analitzen amb una perspectiva històrica suficient. Si formen part del nostre present, si surten cada dia als diaris, només és per pures raons polítiques. La verificació constant de l´estat d´ànim de les llengues espanyoles no és sinó una de les maneres principals amb què s´expressa el conflicte polític d´Espanya, la seva ambició i el seu fracàs.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Contra Catalunya. (46)


¿Com es pot explicar, en efecte, a un home que fa trenta o quaranta o cinquanta o seixanta anys que viu a Catalunya, que ha parlat sempre en castellà a casa seva, al carrer, als despatxos, que ha parlat als fills en castellà i els fills l´han respost, que se sent, a més amparat per la llei en els usos lingüístics, fins i tot en la reivindicació moral que el tros de terra on viu també és Espanya i forma part d´Espanya i per tant de la tradició, l´herència i els usos d´Espanya, com es pot dir a aquest home que aquesta llengua, que és a més la llengua de milers com ell, no és també la llengua pròpia de Catalunya? Què és Catalunya sinó ell i molts altres com ell? Fa poc, un parell d´anys, em van enviar a passar el vespre electoral a un casino andalús de Santa Coloma, un d´aquests locals on els veïns es troben els diumenges per fer-hi quatre balls, mirar la televisió i beure una mica de vi. Un lloc horrible, no ens hem d´enganyar, on ningú feia gens de cas al que pogués passar -políticament- aquella nit i on el soroll dels enginys musicals era completament eixordaor. Amb grans dificultats vaig poder agafar un home al fons de la barra i obtenir-ne un paràgraf crucial: "¿Amb la llengua, diu? No, no tenim cap problema amb la llengua. Aquí tot ho fem en castellà." És aquesta, la clau. No han tingut, òbviament, ni la força social, ni política, ni cultural per oposar-se a la ficció nacionalista en allò que els tocava més de prop. No hi ha hagut cap insurrecció visible. Han observat amb summa desconfiança -la desconfiança del pobre i el fotut que, donat el cas en què es troba no vol insistir més- els moviments d´aquells d´entre ells que volien fer de la llengua un poltre de tortura -pels altres, però també per ells mateixos- i no s´han adherit públicament a les seves intencions: però també han respost amb una indiferència esquerpa al projecte nacional català. No és el seu, no pot ser-ho. Estan disposats a pagar els petages; els seus fills parlaran en català quan toqui. Amb la professora, quan vagin a demanar feina o quan vulguin lligar, fins i tot. Per ells, l´aprenentatge de la llengua catalana és com ara el servei militar. Una cosa que cal passar, i de pressa, i procurant sortir-ne indemne. És clar que n´hi ha que planten cara: que deserten o es fan insubmissos. Sempre hi ha avantguardes revolucionàries. Però el cos de la tropa en té prou amb anar tirant. Ara: que a ningú se li acudeixi demanar-li esperit militar, perquè la tropa se´n riurà francament. ¿Com volen incorporar-los a aquest esperit, si una de les premises primeres de l´esperit, una de les seves encarnacions vertebrals, manté que ells no existeixen, o com a mínim que no existeixen a Catalunya? En efecte: no consideren que la identitat és a la llengua, els nacionalistes catalans? ¿I no és, per tant, coherent pensar en conseqüència que el que ha de servir per una llengua i per un home ha de servir també per una altra llengua i un altre home? Fa uns mesos, l´escriptor Emili Teixidor va parlar dels "nostres bastards" en un article publicat a el País. Uns dies abans me´l comentaba per telèfon i va ser més precís: "No es pot construir una nació sense els seus fills de puta." Això.