sábado, 18 de abril de 2009

Un tema delicado.

La opinión de Jesús Royo, en lavozlibre.com


El señor X dice que sobre el tema de la lengua hemos de ser discretos, porque “es un tema delicado, y es un momento delicado”. Y el diagnóstico que saca es el de siempre: hemos de callar.

Porque ¿qué significa “un tema delicado”? Delicado quiere decir que no lo puede tocar todo el mundo: está reservado a especialistas, gente con instrumental afinado y sofisticado.

El pueblo raso más vale que no hable, porque no entiende.
Delicado también quiere decir inseguro, delgado, poco sólido (“delgado” proviene de “delicatus”), y a la vez de gran trascendencia. Por lo tanto, para tratar un tema delicado se han de tomar toda clase de precauciones, hay que ir con pies de plomo. No se debe ventilar a la luz del día, se ha de resolver dentro de los despachos y sin titulares en los periódicos. Otro sentido de la palabra “delicado”: estado de salud débil, poco robusto y enfermizo, una salud prendida con alfileres. Un estado delicado pide un tratamiento especial, mucho reposo, poco desgaste y vitaminas a mogollón.

Creo que ésta es una más de las trampas dialécticas tejidas sobre el tema. Un servidor, por simple principio de inconformismo –supongo que saludable– no me da la gana resignarme. Si el tema es delicado, quiere decir que hay que hablar del tema todavía más. No hablar de los temas delicados es la garantía más segura de equivocarse, y de rebote agudizar el estado delicado del paciente. Es preciso hablar, para dar con el diagnóstico y el tratamiento correctos.

Porque, ¿qué garantía tenemos de que los que administran ahora el tema de la lengua saben más que nosotros, los usuarios de a pie, la gente de la calle? ¿Y si son unos manazas? ¿No sería una grave irresponsabilidad dejar un tema delicado en manos de gente palurda? ¿Y si no son exactamente palurdos, sino gente con unos intereses muy definidos, pero que no concuerdan con los intereses de la ciudadanía? Ojo, ésta es quizá una de las razones para que el tema de la lengua sea el tabú nacional: es para “dejar hacer” a los sociolingüistas nacionales, los diseñadores de una jerarquía
social-lingüística determinada, bajo unos valores definidos
y decididos por ellos mismos.

¿Y en esto, la gente de la calle no tenemos nada que decir?
Ante esto, creo que hablar de lengua, hoy y aquí, puede parecer impertinente, puede resultar incordiante, pero es todo un deber democrático.

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