jueves, 12 de febrero de 2009

La ciudad que fue. Barcelona, años 70. (V)


.La dosis diaria del último libro de Jiménes Losantos.


El PSUC y el PSC trataban de legitimar una campaña de reescritura de la historia de Cataluña que los emparejaba con Pujol, la ERC de Barrera y el PSAN (Partit Socialista d´Alliberament Nacional), la extremísmia izquierda de la que surgió el terrorismo nacionalista, a imagen y semejanza del País Vasco. Según esa revisión histórica, que era y es una vil falsificación, Catañuña, así, en bloque, había sido una víctima de la Guerra Civil "española" y la persecución de la lengua catalana durante el franquismo no era sino la manifestación de la voluntad de exterminio de la nación catalana por España. De ahí la xenofobia que no ocultaban los nacionalistas. "Los inmigrantes no nos han traído beneficios", decía Heribert Barrera en esos mismos años, sin suscitar rechazo en comunistas y socialistas, porque no alteraba su corral de votos. Y Pujol, en su libro "La emigración, problema y esperanza de Cataluña", sostiene que el inmigrante de los años sesenta, mayoritariamente andaluz, era un ser culturalmente nulo, socialmente desarraigado y que, si no se integraba plenamente en su nueva sociedad (o sea, si no se catalanizaba por completo, él o sus hijos) , podía incluso "destruirla".
Se imponía, por tanto, para el nacionalismo derechista, la asimilación cultural del inmigrante mediante la extirpación de sus señas de identidad culturales, que en realidad no tenía ("Los emigrantes no tienen cultura -se nos decía a los que entonces reclamábamos sus derechos-; no se puede defender lo que no se tiene"). Y su lengua materna, cuando precisamente el catalán como lengua materna era la raíz y la base de esa cultura catalana sobre la que los nacionalistas querían "reconstruir" o reinventar su nación, era el elemento que había que proscribir, porque "amenazaban" al catalán. Tuvo que morirse Franco para acostumbrarnos a oír que "el catalán está más amenazado que nunca", salvo que se extirpase la presencia del español en Cataluña, olvidando así la tradición bilingüe oficial de Cataluña desde antes del siglo XV en la Corona de Aragón, como prueba su Archivo, hoy recluído en Barcelona. Y la de la sociedad civil y literaria, como prueba Boscán de Almogávar, el gran amigo de Garcilaso, a comienzos del XVI.

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